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domingo, 30 de marzo de 2014

¡Y ese solecico rico!


¡Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno!

Vacaciones en Miami sin reparar en gastos.

Palmeras en Miami

¿Por dónde empezar? Para no abrumarte, para no aburrirte. Ahora que el tiempo y el espacio se me apelotonan en un mismo lugar y destino que ya pasó y pasa, y seguirá pasando.

Te conté cómo empezaba a brotar la primavera ¿cierto? Aquel encuentro con el linguista Sordo famoso que signó conmigo y yo sin creérmelo. La actualización de la web del Departamento en el que “trabajo” con la foto y bio de una servidora incluida. Mis alumnxs sordxs pidiéndome que compartiera mi experiencia como “sorda latina” (que, ni una cosa ni la otra, pero publiqué así delante de todos un poema que tenía por aquí guardado y me quedé más ancha que larga)

Pues con todo eso en la cabeza y cuerpo me cogí un avión rumbo a Miami, donde entablé conversación y amistad con un señor que me invitó amablemente a conocer su ciudad natal (Quito, Ecuador) y alrededores (Islas Galápagos). En un email que luego me escribió me reiteró la oferta diciéndome que era una chica “realmente excepcional, que le encantó mi temperamento y mi forma de ser y de mirar las cosas” ¡me parece bien! Y me alegro. Porque estoy empezando a maquinar seriamente mi viaje vital por las Américas y hay que tener amigos dispuestos hasta en el infierno :-P

Pero sin enredarnos más en los aviones, que sé que no son precisamente santos de tu devoción, pasaremos a lo que es la Tierra, y el mar, y el aire ¡¡Y EL SOL!! Los cuatro elementos fundamentales de los que se compene la ciudad que visité (y la silicona, pero ese lo omitiré)

Llegamos al aeropuerto y ya notamos que se repiraba y hablaba diferente (concretamente ¡español!) Una ristra de pequeñas esculturas de tiburones encima del ascensor que me bajaba a la cinta transportadora de maletas Are you fu%$ing kidding me!? ¡¡BUENO!! ¡A lo que hemos venido! Me saqué una foto y todo, sin cerrar los ojos ni nada. ¡Esto no había hecho más que empezar, amparo! Las vacaciones prometían.

Un autobús accessible urbano normal nos llevó desde el airport hasta el meollo mismo de la cuestión; South Miami Beach. Donde estaba el hotelito reservado para la ocasión. La habitación no era completamente accesible, pero tampoco estaba mal. Dejamos las cosas, nos cambiamos ¡y a ver el mar! ¡El Océano Atlántico! Pero desde el otro lado del Charco, you know… El paseo de la playa asfaltadico de acera lleno de personajes a cada cual más variopinto ¡y el atardecer de una esplendorosa luna llena en el cielo despejado que poco a poco iba reflejándose en todo el mar salado! Enmarcado en palmeras cocoteras, con música reggae en vivo de fondo y la brisa de la playa… ¿qué más se puede pedir? ¡EXACTO! Ciertamente, nada más.

atardecer en Miami


Aún así, por ese gusanillo de la avaricia, será, o las ganas, quise yo pedir compartirlo con alguien especial… ¡y hete aquí  que en ese preciso momento, cuando ya la noche estaba cerrada y estaba yo solica mirando embelesada la Luna, alguien especial me llamó por teléfono! […]

¡En fin, que todo iba bien en este siglo de telecomunicaciones instantáneas, hasta no sé en qué momento me desapareció el I-phone de la silla! ¡jarl! Más por perder la línea de comunicación con mi asistente personal, mi familia y amigos que por nada. Seguimos visitando Miami de noche, lleno de todo un poco y sobretodo de gente joven, guapa ¡y drogada! Y… la verdad que a mí no me va mucho el rollo y estaba agotada, asíq me fui a dormir para madrugar a la mañana siguiente y ver salir el Sol allá en el horizonte, cerquita de donde cae España.

Amanecer en Miami


Conocimos a Juan, un indígena tarasco (de México) que puede ser la persona más diligente y de buen corazón que haya conocido en mi corta vida. Animoso, se ofreció para ayudarme a meterme en el agua (en la piscina/pileta del hotel). Yo ahí guardé la propuesta, y me fui a dar una vuelta a la playa.

Luigi
Allí conocí a Luigi, un señor que iba en silla de ruedas manual y me retó  una carrera ¡pero hacía trampa! (tenía una pierna de plástico y con la otra se impulsaba).







Alejo

También a Alejo, un artesano colombiano que por fin engarzó la joya que aquel bereber sahariano me regaló allá en el lejano dosmil y no sé cuánto. ¡Es curioso! ¡Cómo se confabula el mundo para que las bellas personas que lo habitan estén de alguna manera mágica entrelazadas! Nos hicimos amigos y le visité luego cada día. Él mismo me presentó a un indígena oriundo de Florida, que hablaba un español más limpio y puro que el del mismísimo Fray Luis de León ¡ja! Amén del inglés, su propia lengua nativa y seguro que alguna más… Nunca vi a nadie con tanta presencia y porte como este señor/caballero. Indio seminola. Todo tatuado el cuerpo. Y ni si quiera le vi la mirada, pues llevaba unas gafas opacas.

Estuvimos una tarde entera en italiano, de la mano de una pareja de romana y abruzzo (Barbara e Pascuale) que coincidieron con Mario –de Pescara- y un par de italoamericanos universitarios “ubriagos” de Spring Break que andaban siempre debatiéndose entre excusarse por no saber hablar italiano y sintiéndose orgullosos de ser americanos ¡que dios les pille confesados!  (Yo, además, como seguía a la mitad del libro de Puzo -El Padrino- mis explicaciones en los malentendidos culturales que se nos daban eran la mar de sesgadas… Jajaja. ¡Y es que es taaaan fácil y gracioso cuando ves las obviedades de los misunderstandings lingüísticos y culturales desde fuera! No pude por menos de disfrutar cual enana).

Silla para la playa
Al día siguiente volví a encontrarme con Luigi, y hablamos largo y tendido y me llevó a un sitio donde prestaban sillas de ruedas especiales para la playa. ¡Parecía que estaba montada en un hammer! Jajaja. 


Camino a la orilla del mar


Yo, con una sonrisa que no me cabía en el pecho, le agradecí tanto ese “pequeño” regalo que me había brindado de poder estar de nuevo sobre la arena de la playa que el hombre se entregó a mí en cuerpo y alma y me empezó a prometer locuras como convertirme en sirena y meterme en el agua. La primera en realidad ya lo era (una niña, cuando le conté que no podía mover las piernas ya hace años, enseguida se dio cuenta y desenmascaró mi verdadera naturaleza de sirena… ¡barada! :-P) y la segunda… ¡dicho y hecho! Al día siguiente, en otra silla de ruedas especial creada para eso, me fui metiendo poco a poco en el aguaaa… “¡Cierra la boca!” Me decía Luigi, porque una ola me había pillado desprevenida y mi cara de sorpresa se componía, básicamente, en abrir la boca cual ballena comiendo crill.

Metiéndome en el Océano


Sentada en la arena de playa
Y al argentino Luis, al cubano Ernesto, al puertorriqueño Elio Olivo, a los cubanos Heidi y su marido drogadicto y maltratador MiguelÁngel, los del hotel (canarios, mongolas, ¡de Azerbayán!) y Celia y su marido, unos abuelillos que habitan en DC y que quieren invitarme a un asado el próximo fin de semana! Y Bob y su despanpanante mujer sacada de una serie de televisión norteamericana, que lleva 20ypico años en silla y solo le falta por tatuarse el rostro y las palmas de ambas manos, al colega. A ver si acuerdo con él un intercambio de casas y e ofrezco ¡la tuya, mismo! Porque una casa accessible en Miami a pie de playa…. ¡se me hace la boca agua! ¡Y mira que no he sido yo nunca de playa! Que soy más de río que las truchas, o más de campo [castellano] que las amapolas. Pero ¡oye! Una se acostumbra al buen weather y a la energía del solecito rico en menos de una semana.

Casi el paraíso en la tierra :-P
¡CARIBE! Ahí es donde quiero ir yo. Next stop. Puerto Rico/Bahamas. Si no quiso salir el proyecto de la lengua de signos de Haití (me dejaron de poner en copia en los emails en cuanto se hizo más grande el proecto y entraron jerifantes a manejar y decidir el cotarro) me ha salido otro similar y más accessible, a saber; un estudio lingüístico de la LS de Puerto Rico. Con dos puertorriqueños oyentes (Yaira y Ricardo) mu majicos, con mucha inexperiencia a la par que ganas J. Si me renuevan el visado de estudiante a trabajadora (que desde Gallaudet parece que me abalan) quizás se materiaice esta vez de verdad ¡Todo se andará, you know! Y además (siempre “si no”) me anda llamando Latinoamérica a gritos y colores, amparo. Y no hay que ignorar ni acallar las voces el destino que se transforman en intuiciones que te retuercen el gusanillo de la pasiónn y el amor, que caen casi al lado, aunq se diferencian en prácticamente nada.

Después de meterme sentada en el Océano, de tumbarme en la arena de la playa… llegué al hotel y requerí a Juan para meterme en la pileta ¡Gracias!

Juan, la pileta del hotel y yo

Luego ya, cogiendo carrerilla, también me duché en la habitación del hotel aprovechando que era medianamente accesible y que en mi casa esos lujos no los tengo, ya que nuestro baño está en la segunda planta.

Reggae music!!
Y más detalles, más comida cubana, y conciertos de reggae donde el cantante, con rastas hasta el suelo, me canta una canción agarrándome la mano y despidiéndose con un beso en la rodilla que le pilla más cercana. Fruta inverosímil, fresca, jugos, miradas… Todo estupendo y divino ¡como unas vacaciones bien merecidas! Como si no hubiera un mañana…

Y luego el vuelo de vuelta, que coincidió que se sentó al lado un porteño, y nos dejamos engatusar un poco el alma. E igual me invitó a conocer Buenos Aires, Argentina, y una casa en un lugar paradisíaco que tiene en la costa de Uruguay (rico, el gil) con 5 hijos y 3 mujeres –mismo número de casas- que viaja más que Willy Fog por negocios y placer y me contó muchas intimidades y pavadas, mientras también hablaba yo con su hija, una lobata de nueve añitos muy relinda y resalada. ¡Ahí sí me voy yo! A la Argentina, amparo. ¡o qué séh yhó!

Pues aquí se acaba.

No doy a basto cada día en lo que me pasa. Y tengo ganas de escribir, saltar, correr, volar… Pero me contengo a veces las ganas y me siento un rato a escibirte/os/me, a escribir. ¿Quién sabe si, entonces, mañana…? 

Compartir, aprender y disfrutar
(vivir, crecer y amar)

viernes, 14 de marzo de 2014

Mensaje mañanero

¡¡No puedo dormir!!
¡Estoy tan excited!
¡¡¡Enamorada!!!
De la vida, toda ella.

Ayer por la tarde fui una conferencia aquí en Gallaudet como participante, y al acabar un lingüista Sordo súper famoso de la Universidad de Georgetown al q he visto unas cuantas veces y con el q he signado puntualmente alguna vez [Ted Supalla], me dijo que había estado buscando mi información en la web de mi Departamento de Gallaudet para invitarme personalmente a un evento que estaba organizando, y para asistir después a la cena con otros lingüistas del mundo sordo [mi siempre beloved Ceil Lucas]
Yo, tan de pueblo, empecé a mirar a los lados (muy bruscamente, ya sabéis cómo soy yo :-p) para asegurarme de que estaba hablando conmigo, y aunq me dijo q sí, todavía no me lo creía y seguía mirando alrededor, hasta que ya se acercó hasta mí y, efectivamente, no había duda de que estaba hablando conmigo :-)
Jajaja. ¿Te imaginas? ¡Es para morirse de risa! Jajaja. 

No me encontró, pero me dijo que ya la próxima vez. 
Luego, de la emoción (q ya la tengo bastante a flor de piel con esto de la primavera) ¡me puse a llorar yo sola de alegría, emoción, felicidad en el ascensor! Hahaha. Porque... ¡Porque hay tantas cosas q hacer! ¡Porque yo todavía puedo hacer tantas cosas! Porque a este cuerpito mío q passa de moverse, también le pasan cosas, también los sueños se le hacen realidad (no porque me hablase un [Sordo] famoso, jajaja, sino por lo que ello representa en general en mi vida !y en el mundo! No sé muy bien cómo explicarlo)

Y es q resulta q esa misma mañana mi jefa me había dicho q quería aprovechar estas vacaciones y actualizar la web con nuestra información. Entonces me había pedido que le mandase mi foto y biografía para añadirlo ¡Van a ponerme a mí también! Eso significa que realmente cuentan conmigo dentro del Departamento, del equipo. De la pequeña familia del Department. Puede que suene pueril, pero efectivamente es así e
xactamente como me siento; feliz como una niña nueva en el colegio a la que en el recreo unas compañeras se le hubieran acercado -hasta el rinconcito donde ella, tímida, estaba "resguardada"- para invitarla a jugar a la comba... ¡Me siento tan querida y valorada por todos últimamente! (Más de lo habitual me refiero, y en este país que me era todo tan ajeno, aunq el mundo sordo por otro lado sea bastante familiar u hogareño para mí...) ¡Ains!


¡Qué cosas!