Vaya, vaya y vaya, con estos romanos, q están locos...
Parece que son precavidos por 80, más que por 2.
Llevo dos días encerrada en la habitación porque la huracana Sandy amenaza lluvias y ventisca moderada alrededor de Washington DC. Ok.
Como voy bastante rezagada en mis lecturas obligatorias de las clases - q no en las optativas de mi vida... !que tb! -, me siento como en aquel capítulo de los Simpson en el que Bart reza para tener un día más para estudiar y, cuando nieva y cierran el colegio (como ha venido pasando aquí, en la universidad) invierte el día en hacer no sé qué cosas que, efectivamente, se le representan más divertidas que estudiar (¿qué no lo es :-P?). Mañana se reanudan las clases de nuevo, y yo con estos pelos...
Y es que así es este primer país; preparado siempre para lo peor. Que en sí no es intrínsecamente malo... ¡pero es pesado! Si no, que se lo pregunten a la pobre Sara, que ayer echaba sapos y culebras por la boca cuando a las 3 de la mañana nos sacaban de la cama a golpe de alarma de incendio (por segunda vez en el día, octaba en lo que va curso...) ¿y para qué? ¡para nada! ni había fuego, ni se caía el edificio, ni una mala inundación, qué sé yo! Ésto va a ser como el cuento de Pedro y el lobo... cuando realmente haya que evacuar, no sé los americanos, pero aquí la cántabra quizás muera durmiendo... y tan a gusto ¡leñe!
Por lo demás, y relativo al huracán... bien. Estoy bien, vagueando y haciendo como que adelanto en mis estudios... y planteándome la logística de emergencia en caso de realmente necesitarla (¡qué perezaaaaaa!)
No hay fotos que valgan, porque aquí en Gallaudet solo ha sido una lluvia un poco de más de enfadada.
Hasta más buen ver :-)
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