Y digo yo... ¡Total! ¿Qué más me da? Si cada uno es libre de su propia vida, de sus propias decisiones, de su propia felicidad (responsable de malograr su propia vida, q decía Amelie Poulan)
Estaba yo en la biblioteca leyendo
documentos varios (todos para clase... este semestre promete ser
intenso) cuando me ha “asaltado” un sordo indio (de punto, no de
pluma – q dicen por aquí, aunq supongo q será ofensivo, como todo
por estos lares yankees de lo políticamente correcto -) diciéndome
que le sonaba mi cara de haberme visto antes por aquí, pero
caminando. Al principio pensé que me confundía con Sara (todo el
mundo nos pregunta si somos hermanas), pero resulta que no, que era
solo una manera de entrarme. Y bien hubiera preferido que fuera con
intenciones más libidinosas – que a esta altura de mi autoestima
tetrapléjica, bien le viene cualquier alago físico -, pero era sólo
para comerme la cabeza. En realidad para hacerme un poquito más
feliz dándome esperanza, supongo, suponiendo que efectivamente, ésto
de estar en una silla es una terrible montgna di merda. Que
qué me pasó, que si voy a poder volver a caminar, que si mis padres
están preocupados... lo típico. Yo, repitiendo el guión de ese
personaje creado que soy yo
misma ya, le respondo
con resignación alegre que
“así es la vida”... ¡Y
resulta que la vida no es así, para nada! Que puedo volver a
caminar. Que él lo ha visto
en no sé qué semana especial del corteinglés
en New York City. Que lo ha visto él de buena tinta; cómo ciegos
recuperaban la vista, gente en silla caminaba ¡hasta un sordo de
Dinamarca se transformó en oyente de la noche a la mañana delante
de sus ojos! ¡¡un sordo!! Pero él todavía “no está curado”
porque no tiene suficiente fe, pero q está rezando mucho para estar
preparado la siguiente vez que vea al reverendo Apóstol
Nosécuantitos...
También
me ha dicho que todos descendemos de Adán y Eva, Jesucristo
mediante, y que el Universo fue creado por Él (un tal ser que habita
en la planta de arriba de la biblioteca, le he entendido por sus
signos), pero que yo todavía no lo creo porque necesito quizás más
tiempo y es que, como él antes de que asistiera a esa
semana neuyorquina
de rezo y milagros, estoy todavía ciega ante el gran poder de la
fe...
¡Vaya por dios!
(¡nunca mejor dicho!) Yo aquí aceptando la realidad de mi
dependencia física e intentando quereme de nuevo tal y como me he
quedado ¡y resulta que con “sólo pedirlo” (al apóstol este, q
tiene nombre y apellidos) ya estaría todo solucionado! - “Lo que
pasa es que ahora está muy ocupado” - me explica Yalavathi - “pero
mientras tanto, puedes ir preparándote” - que viene a ser algo así
como poner las manos juntas una palma con la otra, frente al pecho, y
cerrar los ojos todo el rato...
La verdad es que ni
duele, ni cuesta dinero... y parece que a él le ha venido muy bien,
pues me responde que efectivamente, desde aquella reveladora semana
donde fue testigo de esos milagros, es feliz. Feliz, dice! Y luego,
además, todo muy bien atado; que si no funciona es culpa suya porque
no tiene suficiente fe ni/o el corazón preparado, que no hay que
meter prisa porque no sé qué del demonio (que, a la postre, fue el
que le hizo sordo)... ¡En fin! Qué os voy a contar que no sepáis,
si estáis bautizados todos... Parece que a él la jugada le ha
salido bien hasta hoy ¡y lo que le dure! A mí, por desgracia, el
cuento de la Biblia me parece poco más que un bestseller de
autoayuda con tirada masiva...
Lo que no sé yo es
qué carajo le pasa por la cabeza al Nosécuantitos...
No me borre usted el punto!!!
ResponderEliminarY no te habló de los Fronstrins?
Lo peor de todo es que no se puede razonar con alguien que niega el razonamiento como razón (A que suena bien...)