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viernes, 1 de febrero de 2013

Nosécuantitos bueno, el mártir


Y digo yo... ¡Total! ¿Qué más me da? Si cada uno es libre de su propia vida, de sus propias decisiones, de su propia felicidad (responsable de malograr su propia vida, q decía Amelie Poulan)

Estaba yo en la biblioteca leyendo documentos varios (todos para clase... este semestre promete ser intenso) cuando me ha “asaltado” un sordo indio (de punto, no de pluma – q dicen por aquí, aunq supongo q será ofensivo, como todo por estos lares yankees de lo políticamente correcto -) diciéndome que le sonaba mi cara de haberme visto antes por aquí, pero caminando. Al principio pensé que me confundía con Sara (todo el mundo nos pregunta si somos hermanas), pero resulta que no, que era solo una manera de entrarme. Y bien hubiera preferido que fuera con intenciones más libidinosas – que a esta altura de mi autoestima tetrapléjica, bien le viene cualquier alago físico -, pero era sólo para comerme la cabeza. En realidad para hacerme un poquito más feliz dándome esperanza, supongo, suponiendo que efectivamente, ésto de estar en una silla es una terrible montgna di merda. Que qué me pasó, que si voy a poder volver a caminar, que si mis padres están preocupados... lo típico. Yo, repitiendo el guión de ese personaje creado que soy yo misma ya, le respondo con resignación alegre que “así es la vida”... ¡Y resulta que la vida no es así, para nada! Que puedo volver a caminar. Que él lo ha visto en no sé qué semana especial del corteinglés en New York City. Que lo ha visto él de buena tinta; cómo ciegos recuperaban la vista, gente en silla caminaba ¡hasta un sordo de Dinamarca se transformó en oyente de la noche a la mañana delante de sus ojos! ¡¡un sordo!! Pero él todavía “no está curado” porque no tiene suficiente fe, pero q está rezando mucho para estar preparado la siguiente vez que vea al reverendo Apóstol Nosécuantitos...

También me ha dicho que todos descendemos de Adán y Eva, Jesucristo mediante, y que el Universo fue creado por Él (un tal ser que habita en la planta de arriba de la biblioteca, le he entendido por sus signos), pero que yo todavía no lo creo porque necesito quizás más tiempo y es que, como él antes de que asistiera a esa semana neuyorquina de rezo y milagros, estoy todavía ciega ante el gran poder de la fe...

¡Vaya por dios! (¡nunca mejor dicho!) Yo aquí aceptando la realidad de mi dependencia física e intentando quereme de nuevo tal y como me he quedado ¡y resulta que con “sólo pedirlo” (al apóstol este, q tiene nombre y apellidos) ya estaría todo solucionado! - “Lo que pasa es que ahora está muy ocupado” - me explica Yalavathi - “pero mientras tanto, puedes ir preparándote” - que viene a ser algo así como poner las manos juntas una palma con la otra, frente al pecho, y cerrar los ojos todo el rato...

La verdad es que ni duele, ni cuesta dinero... y parece que a él le ha venido muy bien, pues me responde que efectivamente, desde aquella reveladora semana donde fue testigo de esos milagros, es feliz. Feliz, dice! Y luego, además, todo muy bien atado; que si no funciona es culpa suya porque no tiene suficiente fe ni/o el corazón preparado, que no hay que meter prisa porque no sé qué del demonio (que, a la postre, fue el que le hizo sordo)... ¡En fin! Qué os voy a contar que no sepáis, si estáis bautizados todos... Parece que a él la jugada le ha salido bien hasta hoy ¡y lo que le dure! A mí, por desgracia, el cuento de la Biblia me parece poco más que un bestseller de autoayuda con tirada masiva...

Lo que no sé yo es qué carajo le pasa por la cabeza al Nosécuantitos...

1 comentario:

  1. No me borre usted el punto!!!

    Y no te habló de los Fronstrins?

    Lo peor de todo es que no se puede razonar con alguien que niega el razonamiento como razón (A que suena bien...)

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