sábado, 11 de mayo de 2013
Ni bandera, ni remo, ni vela.
Me cuesta creer en todo y, a la vez, en todo creo. En que el Sol no saldrá mañana, quizás, y, si sale, puede que no sea más que un sueño. En las realidades esculpidas siempre a ritmo de otros, como si no fuera yo si quiera aire en esta orquesta, en este entierro.
Quería yo sujetarme a algo, encontrar cobijo y abrigo en algo tan mío como mi lengua, en algo tan nuestro como el lenguaje. Y abrigo es, en la intemperie, y barca (o buque). Izé las velas ¿y qué? cuando la mar está en calma, la dirección no importa, el horizonte se extiende anodino, confundiéndose quizás allá lejos con lo que parece ser tierra.
Tierra. ¡Tierra! Con colores, texturas, tamaños, densidad y forma. Que sirve y no sirve, que es a veces - casi siempre - firme, que se embarra, que está seca... ¿de qué me sirve toda esta agua salada, si no soy able de beberla? "¡Para navegar!" me diréis. Con razón. "viento en popa a toda vela"... Con mi barquita yo sola, yo... ni bandera, ni remo, ni vela.
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