Ahora me he enamorado de un chiquillo. Sordo. Italoamericano. Con una fuerza y energía tan arrolladora que llena cualquier lugar donde se encuentre, abierto o cerrado. Está TAN lleno de amor. Es TAN inocente. ¡Me encanta, Amparo! Me encanta. Y, sí, tiene sus cosas ¿¡Quién no las tiene!? Desde el primer momento que nos vimos, nos entregamos. Él más que yo, diré, sin darse cuenta, como se entrega a todos y a todo ¡pero yo sí me di cuenta! Y me encanta llenar mis pensamientos con la posibilidad de que respiremos algún día, acompasados.
Ayer mismo intenté que nos viéramos y fue como una obra teatral de comedia de salón, jaja. ¡más majo! Quedamos, proposición mía e idea suya mediantes, en el Museo de Historia Natural ¡para ver rocas! Y gemas, y piedras… jajaj Es para morirse de risa. Un domingo por la mañana. Yo le comenté que por mi tendencia española quizás no llegaría puntual, y él no entendiendo adecuadamente mi advertencia, cambió de las 10am a la 1pm la cita, sin fijarse luego si yo consentía. Así que… ¡missunderstanding1 al canto! Llegué yo remarkably early for an appointment2 (9:40am) y le esperé en el elefante disecado que domina la sala central del museo durante más de una hora larga. Preguntándome por qué no aparecía y sin arrepentirme de no haberle dado mi número de móvil para que pudiera contactarme en caso de… ¡pues de eso mismo que fuera que estaba pasando! Porque creía en el fluir y el destino y la vida y lo que fuera… ¡¡Y NO LLEGABA!!
Al rato, pues, me fui a ver la creación del Sistema Solar yo solita, y las rocas, y las gemas. Piedras volcánicas, extraterrestres ¡un trocito de Marte toqué con mis propias manos! Y durante todo esto con la inocente esperanza de que alguien, por ejemplo él, me tocara suavemente el hombro mientras yo leía en un panel sobre los terremotos producidos por los movimientos de las placas tectónicas.
Silencio sepulcral. Nada.
“Quizás [pensé] no habrá visto mi email-respuesta de que prefería a las 10 en vez de a la 1, y venga al elefante a las 13:00”. Así que bajé again3 a la entrada principal y esperé de nuevo otro ratito mientras veía a la gente pasar; a los
padres señalar, a los niños iluminársele los ojos de la cara al entrar… 45 minutos.
No vino.
Yo con hambre, con otra cita más tarde con Martin y con toda la morralla social metida en mi cabeza desde niño (¡qué desfachatez eso de hacerme esperar durante horas! ¿no respeta mi tiempo? ¿¡no me respeta a mí!?). Me fui por donde había venido, dejando tras de mí al paquidermo colosal.
15 minutos después, mientras yo me subía al autobús que me llevaría al mercado dominical, un chico sordo italoamericano se sentaba en el banco de al lado de un enorme bicho disecado que, esperando mi llegada que nunca aconteció, se dedicó a mirar a la gente pasar hasta media hora antes de que el museo donde se ubica nuestra acción cerrase sus puertas al público y a la oportunidad de habernos compartido nuestra alma enteramente y para siempre, cara a cara. [Mano a mano al signar ;-P]
Inés. 19 Noviembre 2013.
Washington DC.
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P.D. Volveré a intentarlo, no obstante, porque me parece a mí que tengo ganas de idolatrarle con razón :-P
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1 Malentendido
2 Excepcionalmente temprano para una cita.
3 Otra vez

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