He vuelto a este lugar que tímidamente
llamo hogar. Tímida, porque todavía delibera si me da el permiso o no de salir
y entrar de aquí cuando yo quiera (o pueda, vaya), porque me da no sé qué llamar
hogar a una cárcel de oro tan grande que no acabas de ver bien las rejas. Porque
además yo me creo todo eso de ser ciudadanx del mundo y la calidad de vida y
elegir tu propio destino y esas cosas que tanto vienen vendiendo de un tiempo a
esta parte y mi hogar está allí donde estoy yo, mismamente, y todxs aquellxs
que me quieren, que se concentran quizás en número en puntos concretos de la
geografía terrestre, pero que me consta están worldwideweb y más allá, cual la
insidiosa internet, que no por ello es menos deidad (¡y no sé si hembra!).
¡Pero me lío! Y quería yo solo explicar que
aquí hay más mosquitos que en otros lugares donde he estado, o me pican donde
parece que los siento yo más (que en mi cuerpo tetra se reduce la superficie a
un 30%, siendo …) ¡y me rasco! Que es lo que tengo yo, que soy
muy del aquí y el ahora, ya me conocéis los que me conozcáis (¡bueno! y que lo
dejo todo para mañana, pero esa es otra historia). Y el comer y el rascar... ¡ya sabéis! He destapado la caja de
Pandora –y yo que pensé que donde me adentraba era en el Paraíso del Edén- y
esto no ha hecho más que empezar. Nada nuevo, por otro lado, mismo patrón
experimentado en esta y otras seculas vitales como “¿Cómo me hice de varias
sectas en la niñez?” “El deporte no lo es todo” o “me he enamorado del rarito
de mi clase”. Esta cadencia, que bien pudiera ser tan solo carencia, de querer
a los queribles, de amar a los amables, de reflejarme rebotada en miradas de
espejos amplios limpios, robustos y brillantes (¡ni laRAE, amparo!) como de
hecho en mi culo luego todo parece explotar, no es más que la evidencia de lo
que siempre fue evidente. ¿Me se
entiende? ¡Que me ha dao por los negros, madre! Que yo no sé qué tendrán. Pero
que cuando “you´ll go black, you´ll never back”, dicen. ¡Y por los indígenas
nativoamericanos, cuidao! Que no hago yo vistas minuciosas, sino gordas,
siempre gordas (aunque los aborígenes me han caído de momento un poco de
soslayo). Y por los homeless, las chicas en sillas de ruedas –eléctricas y
manuales-. ¡Y por las mujeres, coño! Ovarios, ojos y bazo ¡de todo un poco! No
vayamos a definir solo a aquellas por lo que las diferencia, sino también por
lo que las constituye (whatever)
La caja de Pandora, como digo, que quizás
sea pequeña comparada con el árbol del [des]conocimiento, pero que está tan
llena de prístinos detalles, cual matrioska la jodía ¡si es que somos tan
creativas! [¡coño!], que no puedo por menos de ponerlo todo aquí arrebujao y
alborotao, sin tejer ni ná de ná, que ya vendrá un penélope de turno o un
ingeniero de caminos. Tanto más me da. Yo sigo [tetra] a mi tarea, chichivoy boy
voy, chichivoy, boy, voy.
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