Y bien… ¡ya
acabé! Ya me gradué. Ya tengo un máster del universo. Agradecida (y emocionada)
me siento sobretodo en demasía privilegiada. Y no sé si es porque realmente lo
soy, o porque me lo han metido a fuego en este país yankee donde se ha de ser
feliz solo con ser (y con tener dinero… una coletilla que la mitad de las veces
se les olvida mencionar…) He tenido la suerte de aprender y compartir tanto… ¡tanto! Y en
realidad, y como os podréis imaginar, lo único que he hecho es generar más preguntas
que respuestas, desordenar más los cajones de mi mente, añadiendo más y más
tags a conceptos viejóvenes.
Acabé y
me mudé “al mundo de fuera”, pero no muy lejos, que con esto de la batería – y
que siempre he sido bastante vaga – me daba pereza… Así que me quedo rodando
por Gallaudet un tiempito más, que me gustan los Sordos más que a un tonto un lápiz. Haciendo
chapucillas aquí y allá… tampoco es que me vaya a comer al mundo por una pata.
Conviene no jactarse, que luego te quedas tetra… (o al menos eso es lo que he
aprendido yo en la vida, jajaja)
¿Y cómo
es el mundo de ahí fuera? Más áspero que Gallaudet, por supuesto, pero de
momento agradable y llevadero, todavía. ¡Y lleno de escaleras! Que salvan con rampas hechas a medida, al momento y cuestan la voluntad bolivianos que caen como del cielo :-)
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