Desde pequeñita he vivido creciendo en una sociedad machista, racista y localista. Lo de cogerle tirria a los mayores ha sido de una generación a otra, y ahora parece que van los niños detrás ¡qué horror! no quedará nadie para ser feliz con sus privilegios.
Tratamos mal al niño porque pregunta, al mayor porque es pesado, a la mujer porque engendra [a sus] hijxs por encima de todo, a los pobres porque son unos vagos, a los inmigrantes por nacer donde han nacido, a los gitanos por no ser payos, a los sordos por no oir... ¡y sigo y nunca paro! ¡los animales! ¡las plantas! ¡la vida!
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El caso es que yo me siento todavía culpable. Culpable por mis privilegios, y a la vez por no tener todos los esperables (por dudar con certeza si la ciencia y la eficiencia como valor supremo valen) También por ser mujer, por ser discapacitada, por robar a mis compañexs sin aportarles nada, molestando porque se sienten mal al no poder [yo] hacer lo que sin mí harían sin duda. Me siento culpable por querer desear "ser normal", por creer que este sistema, en general, no sirve. Por no creer en la educación formal, ni en el progreso, ni en la tecnología... Porque además, según lo digo, me espetan que entonces cómo iba a poder escribir, caminar, mismamente vivir. Entonces tienes que abandonar esa crítica intrínseca que sientes y te recorre todo el cuerpo y debes, además, transformarla encima en agradecimiento. Agradecer la luz eléctrica, la medicina, los I-pads, ¿a pesar de todo? ¡Sí, por supuesto! A pesar del desequilibrio social, de especies, para con el mundo. A pesar del miedo a la muerte, a tus compañerxs -cuando no a ti mismx- a pesar de negarme quién soy y lo que quiero durante todos y cada uno de los días de mi vida.
Hay que estar agradecida a la opresión que nos permite vivir "más y mejor" en cantidad, primando frente a la calidad. Nos estamos convirtiendo en predadores y yo solo quiero ser ñu, elefante, oveja, girafa ¡escarabajo pelotero! roca, gema, piedra...
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