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martes, 21 de enero de 2014

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Gallaudet me recibe con nieve :-)


Me gusta que el mundo se pare. 
Porque nieva, porque he tenido un accidente, porque ha nacido mi sobrino. Porque toca manifestación o alguien escribe desde África que ha visto un cocodrilo. Esto que va entre medias del pararse que es la vida también me resulta genuinamente interesante, si hace sol, aunque haga frío.
Siempre busco miradas amigas, frases comprensivas, manos silenciosas que me explican el mundo este en el que tímidamente habito lleno de otros seres, lugares y experiencias. 

Cada loco con su tema, y yo cual pirata cojo con pata de palo que quisiera probarme en las piernas de cualquiera, tan solo un rato de nuevo otra vez. Quizás para nada más que para volver a saber que el mundo es más ancho que Castilla y que se hace camino al andar. Para volver a creer que queda mucho por hacer en este cambio constante que perpetramos solo por el hecho de perseverar en el existir que cada uno llevamos encima.

Me gusta que el mundo siga adelante aunque unos quieran y otros no. Que siga nevando, convulsionándose, creando nuevas maneras de ser y estar mientras otras se extinguen amparadas en una  injusticia social lacerante que no es sino perspectiva diferente de lo que siempre pasó. En esta época de la información, en la que estamos informados de los males que pasan, a veces me da por pensar si no sería mejor volver a no saber nada... y me respondo que no.

Cada palo que aguante su vela, y en ello estamos. A oscuras. Vislumbrando allá en lontananza lo que bien pudiera ser la luz, o el inicio del túnel, o la vida misma ¡vaya! El principio y fin. La adoración suprema. Da igual lo lejos que esté, siempre todo llega. Y si no llega es que no hubo de llegar, y ya está. O eso dicen ahora las frases sabias del feisbuk, que pa´todos tienen.

Me gusta a mí creer todavía que hay razones para que no venza la desesperanza, aunque se deshielen los polos y mueran más niños que banqueros y sigamos rogando a dios mientras a mazazos opinamos y desgastamos este planeta que creemos más nuestro que de cualquiera. 



Thomas Gallaudet y Alice signando A


Sueño con que un día a todas las personas nos dé igual ser sordx u oyente o autista o chinx o equis o y -fisiológicamente- porque todxs tengamos la capacidad empática, la paciencia y el amor para comunicarnos unxs con otrxs de las [siete] mil millones de maneras distintas que los seres humanos somos capaces de crear en cada momento :-)

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