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lunes, 30 de diciembre de 2013

Mi ideolecto

Castellana de Salamanca, mis rasgos más distintivos son la pronunciación de las /ɕ/ [za ce ci zo zu] y, aunque mi Abuela, padres y tíxs conservan la distinción entre Y y LL, yo ya no la pronuncio -que sí percibo-.

Al venir de mi zona el "español estándar[izado]" (muy, muy entrecomillado) y estar educada en el sistema formal bastante[1], pocos errores gramaticales -de los que prescribe la RAE digo- pronuncio en mi día a día. Quizás algún "¿lo qué?" y los imperativos plurales como "ABRIR" en vez de "ABRID". Me soñé, se me cayó algo. La reñí o la escribí. He ido a comprar esta mañana... (esos que me han ido señalando, los cuales de otro modo jamás sabría que son *agramaticales)

Hago mis diminutivos en -ITA, y digo "fréjoles" para referirme a las "judías". Utilizo "mandil" y "delantal" indistintamente. Y digo "candar" para "cerrar con llave". Y "componer" la ensalada, en vez de aliñarla, aun que esta última me consta que es marca de mi casa materna, solo.

Poco a poco fui aprendiendo que no se dice la -S final de "dijisteS" (condujistes, anduvistes) cual roto de rompido. Más tiempo tardé en interiorizar "respectivamente", y todavía reviso cautelosa cada vez que me da por utilizar "sendos [goles, ríos, caminos...]". Me fui fijando en dejes, acentos, chascarrillos de otros lugares cercanos, como en la vecina Extremadura con su "*me he quedado el cuaderno dentro", en Valencia "*han habido problemas", en el País Vasco "*Si habría llovido", como en general en el Norte "*traémeLE [refiriéndose a un estuche]". Sin ponerme a enumerar la idiosincrasia andaluza que desde la gramática al léxico siempre me ha parecido especialmente bonita (como mi primer amor), y el acento mañico (por mi BBFever). Mención especial merecen "perla" y "alhaja", apelativos que esculpieron mi nombre en los duros días del nacimiento de mi tetraplejia, donde valencianos y toledanos respectivamente  (que no sendos :-P) me cuidaron con amor.

En un ambiente fuertemente monolingue de pro, me inculcaron siempre que neologismos ¡los justos! Aún me andan corrigiendo giros afrancesados que llevan pululando por escritos y bocas españolas decenas de años. 
Conocí, como dije, el andaluz, el maño, el español vasco-catalán-gallego, el extremeño, el madrileño, el cántabro. Y luego también un poco el argentino, el mexicano... Todos ellos vinieron a cambiar mi idiolecto querido. El inglés con calzapiés, el francés ¡el maravilloso italiano! Un tiento con el latín, el alemán ¡hasta el griego! refranes de abuelxs, chascarrillos de muchachxs... Y la esplendorosa LSE a la que le ha salido una prima cercana que también me gusta en grado sumo (ASL :-)

Y ahora, mi ideolecto de esto que sería salmantino que viajó un poco y le viajaron, no tiene ya fuerzas ni ganas para tener eso que llaman faltas ni errores, sino recuerdos y guiños a personas y lugares que la suerte que llamamos vida me puso durante mayor o menor tiempo al lado. Cuando tengo tiempo me miro lo que digo, por qué, cómo, dónde y cuándo. Y casi siempre desentramo la razón externa que motivó mi quizás inicial elección de forma. Lo que me intriga pues, ahora, habiendo aprendido a mesurar y contabilizar rudimentariamente la forma que aplico a mí misma porque soy la persona que tengo más a mano, es ir más allá de esa forma a, más que contenido, la esencia. Abstracción misma de la propia voluntad del pensar y comunicar en acto. Esa inicial elección que nunca más ocurrió, porque no crecí sola ni aislada ¿cuánto de ella existe todavía, si queda? ¿cuánto de ella es quimera? Si pudiera coger mi discurso y quitarle toda la paja de la historia, la sociedad, mi vida... ¿quedaría, pues, algo; aun que tan solo fuera un minúsculo polvo de estrella?

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[1] Y ese "bastante" así utilizado es español de Latinoamérica, soy consciente, no me vaya un purista a leer con diablilla sonrisa para descalificarme todo el escrito de aquí para abajo...

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