Corría el 2002, y aprendí en mi primer día de clase, antes si quiera de entrar, que ya mi Abuelo sabía no sólo -y solo- imitar a las perdices con un elaborado instrumento que conjugaría saxo, trompeta y gaita galega (si no fuera que éramos pobres y lo apañaba todo con las manos y lo que habían venido llamando los lingüistas "aparatos fonadores"), sino también sabía mi Abuelo decir TORTUGA-MARINA en perfecta lengua de signos americana. Que resultó ser también como se dice TORTUGA (a secas), en lengua de signos española.
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| Mi Abuelo signando SEA-TARTARUGA en la comunión de mi Primo. (1990) |
De ahí para adelante todo fue un viaje creía yo. Aprender una lengua concreta que utilizaba ¨el otro canal¨ [que no era el auditivo-oral, sino, a saber, el viso-gestual... ¡paparruchas! pues ahora en breves llegará desde Gallaudet pegando fuerte el táctico-táctil ¡y va a ser el desmadre, wey!]. Pero ahora aquí, en tierras Nahuatl, estoy como recordando que en realidad, si se quiere, el tiempo puede ir al revés (al fin y al cabo, es una construcción social -¡con eso lo arreglo yo todo!-) y el viaje, pues, está siendo para atrás.
Cada día suenan los huehues en el Portal Maya -especial mención los domingos-. Intrumentos construidos de la propia naturaleza (será que eran pobres también, y se tenían que apañar con lo que fuera...) que imitan el lenguaje humano oral, muy mayormente porque comparten canal [a poco en aquellos tiempo los maestros sacerdotes eran todos ciegos :-P]
15.000 años hace de eso, dice PlumAzul. Cuando todos los messicas aplaudían sacudiendo sus manos arriba al aire... ¿¡Y "nosotros" que llegamos hace 500, y nos creemos los aguafiestas de lo que no es sino una siesta, nomás!? ¡Afán de protagonismo! ... y mucho mamoneo...

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