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miércoles, 2 de abril de 2014

Elephant love medley



Ahora me he enamorado de un chiquillo. Sordo. Italoamericano. Con una fuerza y energía tan arrolladora que llena cualquier lugar donde se encuentre, abierto o cerrado. Está TAN lleno de amor. Es TAN inocente. ¡Me encanta, Amparo! Me encanta. Y, sí, tiene sus cosas ¿¡Quién no las tiene!? Desde el primer momento que nos vimos, nos entregamos. Él más que yo, diré, sin darse cuenta, como se entrega a todos y a todo ¡pero yo sí me di cuenta! Y me encanta llenar mis pensamientos con la posibilidad de que respiremos algún día, acompasados.

Ayer mismo intenté que nos viéramos y fue como una obra teatral de comedia de salón, jaja. ¡más majo! Quedamos, proposición mía e idea suya mediantes, en el Museo de Historia Natural ¡para ver rocas! Y gemas, y piedras… jajaj Es para morirse de risa. Un domingo por la mañana. Yo le comenté que por mi tendencia española quizás no llegaría puntual, y él no entendiendo adecuadamente mi advertencia, cambió de las 10am a la 1pm la cita, sin fijarse luego si yo consentía. Así que… ¡missunderstanding1 al canto! Llegué yo remarkably early for an appointment2 (9:40am) y le esperé en el elefante disecado que domina la sala central del museo durante más de una hora larga. Preguntándome por qué no aparecía y sin arrepentirme de no haberle dado mi número de móvil para que pudiera contactarme en caso de… ¡pues de eso mismo que fuera que estaba pasando! Porque creía en el fluir y el destino y la vida y lo que fuera… ¡¡Y NO LLEGABA!!

Al rato, pues, me fui a ver la creación del Sistema Solar yo solita, y las rocas, y las gemas. Piedras volcánicas, extraterrestres ¡un trocito de Marte toqué con mis propias manos! Y durante todo esto con la inocente esperanza de que alguien, por ejemplo él, me tocara suavemente el hombro mientras yo leía en un panel sobre los terremotos producidos por los movimientos de las placas tectónicas.

         Silencio sepulcral.         Nada.

“Quizás [pensé] no habrá visto mi email-respuesta de que prefería a las 10 en vez de a la 1, y venga al elefante a las 13:00”. Así que bajé again3 a la entrada principal y esperé de nuevo otro ratito mientras veía a la gente pasar; a los
padres señalar, a los niños iluminársele los ojos de la cara al entrar… 45 minutos. 
No vino. 
Yo con hambre, con otra cita más tarde con Martin y con toda la morralla social metida en mi cabeza desde niño (¡qué desfachatez eso de hacerme esperar durante horas! ¿no respeta mi tiempo? ¿¡no me respeta a mí!?). Me fui por donde había venido, dejando tras de mí al paquidermo colosal. 

15 minutos después, mientras yo me subía al autobús que me llevaría al mercado dominical, un chico sordo italoamericano se sentaba en el banco de al lado de un enorme bicho disecado que, esperando mi llegada que nunca aconteció, se dedicó a mirar a la gente pasar hasta media hora antes de que el museo donde se ubica nuestra acción cerrase sus puertas al público y a la oportunidad de habernos compartido nuestra alma enteramente y para siempre, cara a cara. [Mano a mano al signar ;-P]


Inés. 19 Noviembre 2013.
Washington DC.



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 P.D. Volveré a intentarlo, no obstante, porque me parece a mí que tengo ganas de idolatrarle con razón :-P

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Malentendido
Excepcionalmente temprano para una cita.
Otra vez

martes, 1 de abril de 2014

La vida secreta de las piedras


El impresionante coronel asesinado, disecado y transportado con premeditación y alevosía desde la sabana Africana a la rotunda del Natural History Museum de Washington DC hace más de medio siglo sigue siendo el mayor cómplice y testigo de este febril nuevo relato que alberga mi alma.

Esta vez llegué tarde, y allí estaba el núbilo coronado en gorro de lana el cual sustituia a su habitual sombrero italoamericano, esperando los minutos de rigor que, por lo que sé, es capaz de extenderlos hasta horas, saboreando ese tiempo regalado de la nada.

Glad to see you[1]. El placer es mío. ¿Qué hacemos, dónde vamos, qué vemos? ¿Es tu primera vez en el Museo? ¿Qué prefieres; mamíferos, evolución del hombre, genoma… fotografías de los ganadores del último concurso ¡o lo que sea! del National Geographic (mención especial a un par de españoles, por bierzo)? Y sus ojos destelleando ganas e ilusión ¡y amor! Pero no especialmente por mí, sino por todo y todos [which I guess it is nice, but I want him to love me a little more than everything and everyone else… :-P[2]] Y allí, en medio de aquella sala llena de fotos, niñxs y pmadres nos pusimos a signar sin pudor, de la manera más natural y bella que os podáis imaginar. Con todo su cuerpo, su esplendorosa sonrisa y cejas y labios y esas hermosas manos a las que siguen antebrazos hechos a imagen y semejanza de lo más parecido a un dios que pueda existir en la mente humana que prometen un cuerpo de dulce ambrosía al acabar ocultos en una camisa a cuadros geométricos de colores otoñales, como la estación y el tiempo atmosférico marcan. Explicándome cómo se revelan las fotografías analógicas, cerrando los ojos mientras se mete –lingüísticamente hablando- en un cuarto oscuro y saca el carrete de las entrañas de la cámara y lo pone no sé dónde y hace no sé qué… ¡ya no recuerdo lo que estaba signando! mi mente se ha desconcentrado en querer besarle suavemente los párpados cerrados, que de vez en cuando abre fugazmente para comprobar que sigo atenta a su explicación por lo demás aburridamente técnica. ¡La magia de la lengua de signos y yo (¡y él! ¡sobretodo él!), que hace del tedio una película en 3D!

Llegó, entre preguntas y detalles, la esperada hora de ver las gemas, piedras y rocas. Jajjaj. ¿Quién me hubiera dicho a mí que alguna vez me iban a resultar tan espectacularmente fascinantes [quizás Analeticiamateosjarrin]? Empezamos con las joyas de no sé qué corona. Una labor intrahistórica de un modesto artesano que quizás dedicase su vida a engarzar con precisión mimo y esmero unos materiales tan poco agradecidos como aquellos ¿Para qué? ¿Para ofrecérselo a una mujer florero? me decía el Joven un poco desencantado de que lo que moviese el mundo antaño fuera el poder y el dinero. ¿Y entonces a quién? Le instigué, porque no acababa de comprender a qué se refería exactamente… pues a una mujer que hubiera trabajado con tanta motivación, delicadeza y ganas como había trabajado el ya obrero, el susodicho joyero. Quizás a la mujer de su vida, como aquel hombre de la mía en su día lascó y lijó una rama de madera en las tardes lluviosas de Dublín para hacer germinar un anillo que olvidé en nuestra luna de miel en París, mientras el suyo se embotaba colgado en su cuello. ¿Cómo íbamos a querernos eternamente si sellamos nuestro compromiso de amor con unos materiales tan perecederos como la madera en su caso, tan efímeras como las palabras en el mío? Se terminó, nos fuimos. Se marchó y yo seguí rodando, mientras pensaba que no me movía, como la Tierra que rota y a mí me parece que es el Sol el que nos gira en derredor. ¡Hay que ser ignorante, o inocente, o incuriosa! ¡Qué sé yo! ¡Habrá que ser tan solo yo! Que me parece que estoy descubriendo cada cosa. Cada día.

Pero volviendo a lo que hoy nos atañe, regresemos de nuevo a la sala de luz tenue donde se ven reflejados colores transparentes de esmeraldas, rubies y zafiros.

Cada piedra se parece a undeterminado universo y tiene un proceso de elaboración centenario, me describía con sus manos de David de Miguelángel. Va acumulando poco a poco cada partícula que forma la esencia de lo que acaba siendo (en aquel momento y para mí, que yo soy mucho del “aquí y ahora”, una exhaustiva selección expuesta entre vitrinas de la capital de un gran país). Pero las piedras están vivas, me dijo como quien dice “mañana va a llover”. Y están tristes ahí encerradas, sin poder interactuar con la naturaleza donde se crearon a base de una determinación y serendipia tenaz y constante. Ni si quiera pueden tocarnos a nosotrxs, que las admiramos, ignoramos y despreciamos sin saber conscientemente por qué. Todavía nos queda tanto por desaprender… Creemos que hemos avanzado mucho en poco tiempo, pero en realidad esta prisa, como bien sabe todo aquel que lleva sotana y monaguillo, no es buena ni para vestirse. Este saber occidental que no me queda otra que agradecer cual aquejada del síndrome de Estocolmo, no implementa sanamente aquello que ciertamente sería indispensable en otro mundo posible, si tuvieran la deferencia de escuchar a aquellos que no tienen voz, porque Ramón Ramírez se la robó hace tiempo, y se la sigue/seguimos robando... ¡qué sinvivir! ¡Y qué lluvia de piedras (previa compra debarbas primero, por supuesto)! aprovechando el hilo conductor de esta historia y que por aquí estamos todos familiarizados con los dichosos dichos cristianos, que no sin agua suenan.

Dudas me asaltaban y le preguntaba sin obtener buena respuesta, ya que ninguno era ducho en el tema y divagábamos cual poetas creyendo que otro universo mejor estaba siendo ya posible, pero… ¿cómo clasificaban las rocas taxonómicamente de tan accurate way[3] antes de que existieran las técnicas modernas con las que hoy contamos? Hubo una vez hace mucho tiempo, o a día de hoy en algún lugar lejano de otra galaxia, que cada piedra, única en forma, tamaño, textura y color, se conocía personalmente y poco a poco ¡como la vida misma! Luego también (¿o a la vez?) sus propiedades y utilidades[4] medicinales, para extraer pigmento y decorar paredes de reyes cual muros de feisbuk[5] etc. Pero ahora, con el invento ese de la alquimia, se han sacado de la manga los medidores del espacio y el tiempo esta cosa de las moléculas y los elementos que las agrupan en clubs cerrados de identidades delineadas en teoría, pero que se expresan de los más diferentes sabores en la práctica. Tan diferente me parece un cuarzo y la mirra como un trucho de una trucha y, a su vez, tan diferentes me resultan comparados con una ballena y un escarabajo pelotero, pasando por la manzana, el mono, el reino fungi y, por supuesto, el Everest (que cruza la pared buscando a un/a tal Mahoma). ¡Y luego los nombres que las denominan, con etiquetas del latín que sigue vivo aunque lo quieran dar por muerto! ¿Y cómo será que se llaman esas piedras en China? ¿y en Borneo? ¿Y en una comunidad remota de Sordos que se hubiera desarrollado también milenariamente como este inglés con el que me visten y calzan cada día, cual buena tetrapléjica y señorita que soy? Porque, sí, creo yo que la lengua que hoy alcanzo a expresar viene a ser una amalgama de todas aquellas que algún día empezaron con la buena voluntad de ser de utilidad para la comunicación[6] ¡y mira la que se ha liado en poco tiempo! ¡ni que Babel fuera más alta que las mismísimas Twin Towers[7] de Manhattan! Anyway… Que cada piedra es un mundo, claro, pero algunas son más universo que otras, o algo ¡o yo qué sé! (pero por humildad, you know…)

¡Piedras! en el museo de Historia Natural de DC


Seguimos mirándonos a través de las vitrinas, o más bien él miraba las piedras mientras yo le miraba a él. Así, enamorada hasta las ruedas, jajaja. Hasta que dieron las 12, y cual ceniciento ocupadísimo y moderno tuvo que marcharse ¡y se marchó! Olvidándose de dejar tras de sí un zapatito, el despistado. Así que muy probablemente no nos volvamos a ver… 

Una pena, porque yo quería verle desde ese momento hasta para siempre, todo el rato. Y ahora tendré que conformarme con un relato de piedras donde escribo oculto su nombre entre letras y justifico así otra hora más de mi anodina existencia haciendo lo que la cabeza y el cuerpo me permiten, y por lo que estoy infinitamente agradecida, que es este que me leáis que llevo encima.

Hasta más buen ver.


Inés. 2 diciembre 2013.
Washington DC



[1] Me alegro de verte
[2] Lo cual está bien, creo… pero me gustaría que me quisiera a mí un poquito más que a todo y todos… jeje.
[3] De una manera tan precisa/exacta y correcta.
[4] Al final parece que la palanca que hace iniciar todo movimiento –que no punto de apoyo- es la absurda utilidad.
[5] ¿o era Altamira?
[6] ¡ahí es ná! ¡Con un par de ovarios!
[7] Torres gemelas

domingo, 30 de marzo de 2014

¡Y ese solecico rico!


¡Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno!

Vacaciones en Miami sin reparar en gastos.

Palmeras en Miami

¿Por dónde empezar? Para no abrumarte, para no aburrirte. Ahora que el tiempo y el espacio se me apelotonan en un mismo lugar y destino que ya pasó y pasa, y seguirá pasando.

Te conté cómo empezaba a brotar la primavera ¿cierto? Aquel encuentro con el linguista Sordo famoso que signó conmigo y yo sin creérmelo. La actualización de la web del Departamento en el que “trabajo” con la foto y bio de una servidora incluida. Mis alumnxs sordxs pidiéndome que compartiera mi experiencia como “sorda latina” (que, ni una cosa ni la otra, pero publiqué así delante de todos un poema que tenía por aquí guardado y me quedé más ancha que larga)

Pues con todo eso en la cabeza y cuerpo me cogí un avión rumbo a Miami, donde entablé conversación y amistad con un señor que me invitó amablemente a conocer su ciudad natal (Quito, Ecuador) y alrededores (Islas Galápagos). En un email que luego me escribió me reiteró la oferta diciéndome que era una chica “realmente excepcional, que le encantó mi temperamento y mi forma de ser y de mirar las cosas” ¡me parece bien! Y me alegro. Porque estoy empezando a maquinar seriamente mi viaje vital por las Américas y hay que tener amigos dispuestos hasta en el infierno :-P

Pero sin enredarnos más en los aviones, que sé que no son precisamente santos de tu devoción, pasaremos a lo que es la Tierra, y el mar, y el aire ¡¡Y EL SOL!! Los cuatro elementos fundamentales de los que se compene la ciudad que visité (y la silicona, pero ese lo omitiré)

Llegamos al aeropuerto y ya notamos que se repiraba y hablaba diferente (concretamente ¡español!) Una ristra de pequeñas esculturas de tiburones encima del ascensor que me bajaba a la cinta transportadora de maletas Are you fu%$ing kidding me!? ¡¡BUENO!! ¡A lo que hemos venido! Me saqué una foto y todo, sin cerrar los ojos ni nada. ¡Esto no había hecho más que empezar, amparo! Las vacaciones prometían.

Un autobús accessible urbano normal nos llevó desde el airport hasta el meollo mismo de la cuestión; South Miami Beach. Donde estaba el hotelito reservado para la ocasión. La habitación no era completamente accesible, pero tampoco estaba mal. Dejamos las cosas, nos cambiamos ¡y a ver el mar! ¡El Océano Atlántico! Pero desde el otro lado del Charco, you know… El paseo de la playa asfaltadico de acera lleno de personajes a cada cual más variopinto ¡y el atardecer de una esplendorosa luna llena en el cielo despejado que poco a poco iba reflejándose en todo el mar salado! Enmarcado en palmeras cocoteras, con música reggae en vivo de fondo y la brisa de la playa… ¿qué más se puede pedir? ¡EXACTO! Ciertamente, nada más.

atardecer en Miami


Aún así, por ese gusanillo de la avaricia, será, o las ganas, quise yo pedir compartirlo con alguien especial… ¡y hete aquí  que en ese preciso momento, cuando ya la noche estaba cerrada y estaba yo solica mirando embelesada la Luna, alguien especial me llamó por teléfono! […]

¡En fin, que todo iba bien en este siglo de telecomunicaciones instantáneas, hasta no sé en qué momento me desapareció el I-phone de la silla! ¡jarl! Más por perder la línea de comunicación con mi asistente personal, mi familia y amigos que por nada. Seguimos visitando Miami de noche, lleno de todo un poco y sobretodo de gente joven, guapa ¡y drogada! Y… la verdad que a mí no me va mucho el rollo y estaba agotada, asíq me fui a dormir para madrugar a la mañana siguiente y ver salir el Sol allá en el horizonte, cerquita de donde cae España.

Amanecer en Miami


Conocimos a Juan, un indígena tarasco (de México) que puede ser la persona más diligente y de buen corazón que haya conocido en mi corta vida. Animoso, se ofreció para ayudarme a meterme en el agua (en la piscina/pileta del hotel). Yo ahí guardé la propuesta, y me fui a dar una vuelta a la playa.

Luigi
Allí conocí a Luigi, un señor que iba en silla de ruedas manual y me retó  una carrera ¡pero hacía trampa! (tenía una pierna de plástico y con la otra se impulsaba).







Alejo

También a Alejo, un artesano colombiano que por fin engarzó la joya que aquel bereber sahariano me regaló allá en el lejano dosmil y no sé cuánto. ¡Es curioso! ¡Cómo se confabula el mundo para que las bellas personas que lo habitan estén de alguna manera mágica entrelazadas! Nos hicimos amigos y le visité luego cada día. Él mismo me presentó a un indígena oriundo de Florida, que hablaba un español más limpio y puro que el del mismísimo Fray Luis de León ¡ja! Amén del inglés, su propia lengua nativa y seguro que alguna más… Nunca vi a nadie con tanta presencia y porte como este señor/caballero. Indio seminola. Todo tatuado el cuerpo. Y ni si quiera le vi la mirada, pues llevaba unas gafas opacas.

Estuvimos una tarde entera en italiano, de la mano de una pareja de romana y abruzzo (Barbara e Pascuale) que coincidieron con Mario –de Pescara- y un par de italoamericanos universitarios “ubriagos” de Spring Break que andaban siempre debatiéndose entre excusarse por no saber hablar italiano y sintiéndose orgullosos de ser americanos ¡que dios les pille confesados!  (Yo, además, como seguía a la mitad del libro de Puzo -El Padrino- mis explicaciones en los malentendidos culturales que se nos daban eran la mar de sesgadas… Jajaja. ¡Y es que es taaaan fácil y gracioso cuando ves las obviedades de los misunderstandings lingüísticos y culturales desde fuera! No pude por menos de disfrutar cual enana).

Silla para la playa
Al día siguiente volví a encontrarme con Luigi, y hablamos largo y tendido y me llevó a un sitio donde prestaban sillas de ruedas especiales para la playa. ¡Parecía que estaba montada en un hammer! Jajaja. 


Camino a la orilla del mar


Yo, con una sonrisa que no me cabía en el pecho, le agradecí tanto ese “pequeño” regalo que me había brindado de poder estar de nuevo sobre la arena de la playa que el hombre se entregó a mí en cuerpo y alma y me empezó a prometer locuras como convertirme en sirena y meterme en el agua. La primera en realidad ya lo era (una niña, cuando le conté que no podía mover las piernas ya hace años, enseguida se dio cuenta y desenmascaró mi verdadera naturaleza de sirena… ¡barada! :-P) y la segunda… ¡dicho y hecho! Al día siguiente, en otra silla de ruedas especial creada para eso, me fui metiendo poco a poco en el aguaaa… “¡Cierra la boca!” Me decía Luigi, porque una ola me había pillado desprevenida y mi cara de sorpresa se componía, básicamente, en abrir la boca cual ballena comiendo crill.

Metiéndome en el Océano


Sentada en la arena de playa
Y al argentino Luis, al cubano Ernesto, al puertorriqueño Elio Olivo, a los cubanos Heidi y su marido drogadicto y maltratador MiguelÁngel, los del hotel (canarios, mongolas, ¡de Azerbayán!) y Celia y su marido, unos abuelillos que habitan en DC y que quieren invitarme a un asado el próximo fin de semana! Y Bob y su despanpanante mujer sacada de una serie de televisión norteamericana, que lleva 20ypico años en silla y solo le falta por tatuarse el rostro y las palmas de ambas manos, al colega. A ver si acuerdo con él un intercambio de casas y e ofrezco ¡la tuya, mismo! Porque una casa accessible en Miami a pie de playa…. ¡se me hace la boca agua! ¡Y mira que no he sido yo nunca de playa! Que soy más de río que las truchas, o más de campo [castellano] que las amapolas. Pero ¡oye! Una se acostumbra al buen weather y a la energía del solecito rico en menos de una semana.

Casi el paraíso en la tierra :-P
¡CARIBE! Ahí es donde quiero ir yo. Next stop. Puerto Rico/Bahamas. Si no quiso salir el proyecto de la lengua de signos de Haití (me dejaron de poner en copia en los emails en cuanto se hizo más grande el proecto y entraron jerifantes a manejar y decidir el cotarro) me ha salido otro similar y más accessible, a saber; un estudio lingüístico de la LS de Puerto Rico. Con dos puertorriqueños oyentes (Yaira y Ricardo) mu majicos, con mucha inexperiencia a la par que ganas J. Si me renuevan el visado de estudiante a trabajadora (que desde Gallaudet parece que me abalan) quizás se materiaice esta vez de verdad ¡Todo se andará, you know! Y además (siempre “si no”) me anda llamando Latinoamérica a gritos y colores, amparo. Y no hay que ignorar ni acallar las voces el destino que se transforman en intuiciones que te retuercen el gusanillo de la pasiónn y el amor, que caen casi al lado, aunq se diferencian en prácticamente nada.

Después de meterme sentada en el Océano, de tumbarme en la arena de la playa… llegué al hotel y requerí a Juan para meterme en la pileta ¡Gracias!

Juan, la pileta del hotel y yo

Luego ya, cogiendo carrerilla, también me duché en la habitación del hotel aprovechando que era medianamente accesible y que en mi casa esos lujos no los tengo, ya que nuestro baño está en la segunda planta.

Reggae music!!
Y más detalles, más comida cubana, y conciertos de reggae donde el cantante, con rastas hasta el suelo, me canta una canción agarrándome la mano y despidiéndose con un beso en la rodilla que le pilla más cercana. Fruta inverosímil, fresca, jugos, miradas… Todo estupendo y divino ¡como unas vacaciones bien merecidas! Como si no hubiera un mañana…

Y luego el vuelo de vuelta, que coincidió que se sentó al lado un porteño, y nos dejamos engatusar un poco el alma. E igual me invitó a conocer Buenos Aires, Argentina, y una casa en un lugar paradisíaco que tiene en la costa de Uruguay (rico, el gil) con 5 hijos y 3 mujeres –mismo número de casas- que viaja más que Willy Fog por negocios y placer y me contó muchas intimidades y pavadas, mientras también hablaba yo con su hija, una lobata de nueve añitos muy relinda y resalada. ¡Ahí sí me voy yo! A la Argentina, amparo. ¡o qué séh yhó!

Pues aquí se acaba.

No doy a basto cada día en lo que me pasa. Y tengo ganas de escribir, saltar, correr, volar… Pero me contengo a veces las ganas y me siento un rato a escibirte/os/me, a escribir. ¿Quién sabe si, entonces, mañana…? 

Compartir, aprender y disfrutar
(vivir, crecer y amar)

viernes, 14 de marzo de 2014

Mensaje mañanero

¡¡No puedo dormir!!
¡Estoy tan excited!
¡¡¡Enamorada!!!
De la vida, toda ella.

Ayer por la tarde fui una conferencia aquí en Gallaudet como participante, y al acabar un lingüista Sordo súper famoso de la Universidad de Georgetown al q he visto unas cuantas veces y con el q he signado puntualmente alguna vez [Ted Supalla], me dijo que había estado buscando mi información en la web de mi Departamento de Gallaudet para invitarme personalmente a un evento que estaba organizando, y para asistir después a la cena con otros lingüistas del mundo sordo [mi siempre beloved Ceil Lucas]
Yo, tan de pueblo, empecé a mirar a los lados (muy bruscamente, ya sabéis cómo soy yo :-p) para asegurarme de que estaba hablando conmigo, y aunq me dijo q sí, todavía no me lo creía y seguía mirando alrededor, hasta que ya se acercó hasta mí y, efectivamente, no había duda de que estaba hablando conmigo :-)
Jajaja. ¿Te imaginas? ¡Es para morirse de risa! Jajaja. 

No me encontró, pero me dijo que ya la próxima vez. 
Luego, de la emoción (q ya la tengo bastante a flor de piel con esto de la primavera) ¡me puse a llorar yo sola de alegría, emoción, felicidad en el ascensor! Hahaha. Porque... ¡Porque hay tantas cosas q hacer! ¡Porque yo todavía puedo hacer tantas cosas! Porque a este cuerpito mío q passa de moverse, también le pasan cosas, también los sueños se le hacen realidad (no porque me hablase un [Sordo] famoso, jajaja, sino por lo que ello representa en general en mi vida !y en el mundo! No sé muy bien cómo explicarlo)

Y es q resulta q esa misma mañana mi jefa me había dicho q quería aprovechar estas vacaciones y actualizar la web con nuestra información. Entonces me había pedido que le mandase mi foto y biografía para añadirlo ¡Van a ponerme a mí también! Eso significa que realmente cuentan conmigo dentro del Departamento, del equipo. De la pequeña familia del Department. Puede que suene pueril, pero efectivamente es así e
xactamente como me siento; feliz como una niña nueva en el colegio a la que en el recreo unas compañeras se le hubieran acercado -hasta el rinconcito donde ella, tímida, estaba "resguardada"- para invitarla a jugar a la comba... ¡Me siento tan querida y valorada por todos últimamente! (Más de lo habitual me refiero, y en este país que me era todo tan ajeno, aunq el mundo sordo por otro lado sea bastante familiar u hogareño para mí...) ¡Ains!


¡Qué cosas!


lunes, 24 de febrero de 2014

150 versus 800...

Que estoy aquí, con las prisas del descansar cuando hace frío, de aprovechar cuando sale el solecito, y se me olvida contar todo lo que hay detrás y pasa aquí en esta burbuja de país que es Gallaudet y alrededores.

Se celebra este año el 150 aniversario de Gallaudet y será muy especial y vendrá gente desde todos los lugares del mundo, como pasa cuando la Universidad de Salamanca hace sus homenajes y sus cosas en las que nosotras las salmantinas allí nacidas casi ni reparamos porque ¡bueno! porque siempre ha estado allí "y siempre estará", pensamos.

jueves, 13 de febrero de 2014

Creacionismo (que me pesa un huevo... y el otro lo mismo)

Bueno, bueno, bueno... aquí sigo en mi sueño americano donde me pasan cosas como las que suceden en escenas de películas. Recuerdo aquel soleado día en la acera de la calle de mi recién estrenado hogar cuando se nos acerca una mujer y de repente se presenta como agente del FBI, mostrándonos su placa y haciéndonos preguntas sobre los vecinos justificándose en no sé qué seguridad nacional...

La del pasado sábado fue más graciosa todavía. 

Sabía yo que existían seres estadounidenses que creían en el creacionimo (en Adán y Eva, básicamente. Que la tierra tiene 12.000 años de antiguedad y que había dinosaurios en el arca de Noé, entre otras cosas) pero no pensé que fuera yo a toparme con uno de carne y hueso. ¡Pues sí! En un taller que organizó la Universidad el pasado sábado y al que asistí casi de casualidad, [re]conocí a una chiquilla que tenía sobre la mesa un libro de introducción a la antropología. Le pedí si podía echarle un vistazo (200$ costaba el ejemplar de no más de 300 páginas y tapas blandas) y leyendo el título de los capítulos, empezamos a comentar algunas ideas "¿Te está gustando?" "Sí" me contestó "pero hay algunos capítulos con los que no me siento muy cómoda, el de los monos y la evolución... Yo es que no creo en eso" 0_o ¿¡Qué!? Supongo que mi cara, siempre tan expresiva como un libro abierto, no pudo por menos de quedarse ojiplática mientras le preguntaba que a qué se refería exactamente. "Bueno... no sé, no me apetece hablar del tema". Es una alumna universitaria. ¿Y yo? Yo... en fin. No supe qué decir, ciertamente.