Queridísimx dárlin del alma nuestra que compartimos
esporádicos.
Vengo intensa. Estoy intensa (y el autocorrector ya empieza
a hacer de las suyas, y el corrector gramatical también quiere alumbrar en este
entierro ¡qué pesadilla! Siempre fui más de puño y letra –excepto en puntuales
ocasiones-, pero por aquello de que no tienes buzón y de que quizás yo luego
pueda usar el copia-pega, aquí me tienes ordenador en mesa. Escuchando un
poquillo de flamenquito, traido a colación por Wayne ¡cuántas cosas en un solo
paréntesis, mae!)
¿¡Qué tal!? ¡Bueno! ¿Por dónde andas? [...] ¡Siempre fuiste mu exagerao, tú! Yo aquí con unos
copitos de nieve y ya me da pereza casi hasta mirar por la ventana…
Anyway! Eso! Aquí. Yo. Vamos a ver si nos centramos un poco,
porque con eso de que “estás dando la vuelta al mundo” (que viste mucho –de
vestir-) y de que tienes un blog para relatar tus hazañas –lo leo de cuando en
vez, no creas tú-, pues parece como que una no tiene nada que contar de sus
ovejitas. Pero nada más lejos de la realidad, amparo (por cierto, Amparo Baró
murió). Está tan lleno de sentido mi segundo acuciante que es quasi imposible
escribir ni hacer practicamente nada. Menos mal que con esto de la tetraplejia
–movilidad reducida, mi Hermano lo llama- me ahorro un montón de todos esos
insidiosos menesteres físicos que antes me consumían parte de la mañana (es un
decir, ahora tengo otros. No vayas tú a creer…)
Pero no puedo escribir con orden y concierto. Me cuesta
mucho. Se me agolpan las ideas, la manera de expresarlas, y en lo que intento
ponerme a relatar una anécdota (¡benigna, beningna!) se me escurren por la
mente otras tantas como el agua por las manos cuando bebes. Tantas, tantas,
tantas… Como si todo ocurriese al mismo tiempo en el mismo lugar. Es una
excelsa vitalidad en un universo físico contenida. ¿¡A ti qué te voy a contar,
si estás cada día en un lugar!? Tiene que ser hasta el punto enajenante.
Pero empezaré, por empezar, porque si no no empiezo y hay
que empezar por algún sitio, en algún momento.
Sigo enamorada. Enamorada de la vida, de las manos de lxs
sordxs signantes que no son más que espasmos de sus mentes, del sonido
vibratorio de las cuerdas vocales y los djembés, del conocimiento académico y
de la sensación de la realidad inconsciente que por todas partes y en todo
momento está rodeándonos por dentro y fuera. De la vida, amparo… y de la muerte.
No es que me haya hecho Emo de repente (juas juas juas).
Shakeaspeare mismo estaba ahí con el temita pa´rriba y pa´bajo to´r día
también, y con el poder y el amor… ¡menudo popurrí se traía! Que no sé si
escribía sus obras con talante moralizador, o solamente para ilustrar sus idas
y venidas por los rincones recónditos de su mente que, por ser humana, se me
antoja extrapolable a cualquier hijo de vecino. Anyway! Que aquel muchacho
joven sordo italoamericano que murió por voluntad propia y llevada a cabo, anda
todavía pululando en forma de Madre por mi alrededor. Pero Madre yankee que
quiere transformar el dolor en cambio. Y yo, que apoyo a las madres solo por el
hecho de ser madres (ya sabes que mi medidor es tremendamente subjetivo) ¡y
esta encima es madre de sordo, hija y nieta de sordos! ¿¡qué esperarías que
hiciera!? Hacer todo lo que me pidiera, incluso si no tuviera mucho sentido o no estuviera yo si quiera muy convencida de que era la mejor opción
para mí, ella y todxs nuestrxs compañerxs. Es curioso cómo se desarrolla el
mundo a un nivel pragmático –metáse aquí si se quiere la geología incluso- y a
un nivel metafísico –métase aquí todo lo demás cual cajón de sastre. Que la
paradoja constante que nos embriaga no se acabe nunca a no ser que sea para dar
paso a la certeza absoluta e insoslayable de que efectivamente el universo se
expande ¿o se retrae? ¿¡cómo era eso!? ¡En fin! Que el amor incondicional que
se debe dar a los allegados, a los sobrinos a falta de hijos, o los niños de
los amigos de toda la vida –que son como sobrinos-, se me ha transformado ahora
por un aleatorio e inconsistente dar amor aquí y ahora sin mirar cómo ni a quien y…
puede que en este país de triquiñuelas se deba escoger con atino la dirección
concreta de mis chorros de pasión, jajaaaj. No se me mal-lea. Disfruto y
agradezco las diferentes oportunidades que el Cosmos pone ante mí, y quisiera
creer que voy a seguir disfrutando tanto ¡o más! como he venido hacienda hasta
ahora, pero con la que está cayendo en León estos días… (5 metros de nieve,
gente incomunicada durante 6 días…) me cuesta comprometerme.
Cambiando un poco de tema, conocí el mundo intersex hace
poco -3 meses, no llega- de la mano de una fiorentina cuya Abuela fue vecina
mía en mis tiempos de cuando vivía yo misma en Italia. Es la I del LGTBIQA
(lesbian, gay, transexual, bisexual, intersex, queer/questioning, ally), que
como siga añadiendo colectivos al final va a acabar con todas las letras del
abecedario :-P[1] y es
un mundo fascinante y con tremendos paralelismos con el mundo sordo que habito.
De hecho, estoy escribiendo un artículo exactamente sobre eso. Lo que me ha
llevado a conocer parte del trabajo de Beatriz Preciado (ahora llamada Paul
desde este enero), que me ha cautivado y acercado a esta corriente filosófica
que generó Foucault con premisas ciertamente rompedoras en cuanto a dudar no ya
de la esencia de uno mismo como ya hiciera Descartes, sino de la esencia de los
llamémosles congéneres, por los cuales creíamos que nos describíamos, que
éramos. No somos, dixit, sino seres biopolícos (tú biohombre, yo biomujer, en
los estándares de nomenclatura que hasta ahora manejábamos, jeje) y todo
aquello que la clínica creó y genera, deviene en esta amalgama de discapacidad
que hoy ilustro.
---
Y da igual ya, porque ya lo he probado todo. O si no
todo-todo, al menos todo aquello que se me ha ido ocurriendo mentalmente. Si
pudiera yo explicarme tan elocuentemente como hacen otras, otros y otres. Pero
no, yo me explico como soy, así, como tú me conoces. Y deambulo entre lugares
siempre accesibles, sin arriesgar más que mi vida, que me parece al fin tan
poco. Y formo mi idiosincrasia particular, mi cosmología. Mi razón de ser
no-siendo, siéndome con otres, quizás, por no ser yo misma, que me sabe a tan
poco cuando está llena de tantas especies y colores la variedad de la
degustación humana, animal, vegetal… viva. Siempre recuerdo que estoy viva, a
cada practicamente segundo que lo considero. Y podría [no] venirme sentimiento
alguno en este redescubrimiento amalgamado e inacabable por finito que es mi
cuerpo, sin embargo siento algo. Eso es cierto de certeza. Siento una energía,a veces gorda a veces fina, que se quiere nominalizar en verbo, palabra, signo…
¡qué sé yo qué materialización mental concreta utilizo! El caso es que estoy
generando una metodología pudiera bien describirla como “eficaz” para que, si
terco el sentimiento quiere corporeizarse en concepto concreto, lo haga
ambivalente, o binario o contrapuesto, para que gane siempre una especie de
sensación de paz y agrado personal y aplicable pues por ende al Universo en el
que habito. Quizás sea un sesgo competitivo simple –debido a mi acalcúlea
galopante-, por reducirlo todo a dos colecciones para poder hacer una
correspondencia one-to-one y así ahorrarme engorrosos procesos mentales que
podría describirlos como “arquitectónicos” (con inmenso amor a Marilyn y cía, y
siempre agradecida de cada casa en la que he habitado). Me desgasta esta manera
neuronormativa impuesta de que hay que razonar dentro del tiesto, con una
aparato de verificación construido siempre por otros e implantado en mi modus
operandi con rituales no ancestrales. Y deberé estar agradecida –y emocionada-
por ser yo más norma que muchas otras personas… ¿o no?