Páginas

domingo, 13 de octubre de 2013

La evolución frente a la supervivencia



El otro día vi un documental "curiosidades salvajes" y salía una especie de trilobita/gamba azulada que lleva MILLONES de años existiendo. Mucho antes que los dinosaurios aquellos. Son acuáticos (¡qué atraso!) y viven apaciblemente en charcas hasta que, justo antes de que se evaporen las últimas gotas de agua, se desprenden sus huevos sin necesidad de otro ser más que ellos mismos (¡o sea, sin follar con otro, vaya!). Huevos harto resistentes que son capaces de aguantar viento y marea y vaya usté a saber cuántos otros desastres naturales más ¡durante centurias! hasta que al mundo le da por llover de nuevo, y entonces ¡nacen otra vez! Como si acabaran de inventarse la vida en la Tierra. Y así de nuevo harán una y mil veces, hasta que empiecen a plantearse serieamente eso de que no follar es un desperdicio de existencia y empiecen a evolucionar como dios manda.
Pero mientras tanto, digo, mientras los vanidosos humanos creamos con nuestro órgano más desarrollado un sistema de “castas de seres vivos” donde lo más valorado es ¡oh, casualidad! tener justamente un cerebro desarrollado (si es que… ¡no damos puntada sin hilo!), los trilobites azulados estos seguirán volviendo a reinventar la vida durante siglos, milenios.
Nos extinguiremos los humanos, o evolucionaremos tanto hasta ser ya otra cosa que no responda a esto que ahora describimos como nuestro cuerpo [humano] [1]. Y las gambas estas a su rollo. Habrán “ganado” esta competición absurda inventada por nosotros mismos para dar sentido a algo que, ciertamente, no lo tiene [la existencia]. Seguirán esos moluscos de exoesqueleto existiendo pese a todo y nosotros, sublimes cúlmenes de la evolución natural, estaremos extintos, desaparecidos, no-existiendo.

Sí. Estoy harta de la competición, de la idea de comparar lo incomparable, de pensar que algo es mejor que alguien, de toda esa morralla inoculada desde la cuna, con tufillo occidental si me apuras, con libro de instrucciones de modus operandi individualmente universal que a todos sirve y a nadie vale. De esta insatisfacción vital constante, de no abrazar la vida tal cual es y se nos presenta, sino estar siempre en pie de guerra luchando incansablemente contra molinos de viento gigantes. Estoy harta de evolucionar para sobrevivir a los de mi propia especie que no dudan en correr si tienen patas ¡ea, porque las tienen! O que dudan mucho, claro, y no se atreven.. y aún así siguen perpetrando la “oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna” que es esta, nuestra/mi/tu/su existencia.




[1] ¡Que no! Que no… que desapareceremos tal y como nos conocemos… de ahí que andemos inventánonos Gaias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario