El otro día vi un documental " y salía una especie de trilobita/gamba azulada que lleva MILLONES de años existiendo. Mucho antes que los dinosaurios aquellos. Son acuáticos (¡qué atraso!) y viven apaciblemente en charcas hasta que, justo antes de que se evaporen las últimas gotas de agua, se desprenden sus huevos sin necesidad de otro ser más que ellos mismos (¡o sea, sin follar con otro, vaya!). Huevos harto resistentes que son capaces de aguantar viento y marea y vaya usté a saber cuántos otros desastres naturales más ¡durante centurias! hasta que al mundo le da por llover de nuevo, y entonces ¡nacen otra vez! Como si acabaran de inventarse la vida en la Tierra. Y así de nuevo harán una y mil veces, hasta que empiecen a plantearse serieamente eso de que no follar es un desperdicio de existencia y empiecen a evolucionar como dios manda.
Pero
mientras tanto, digo, mientras los vanidosos humanos creamos con nuestro órgano
más desarrollado un sistema de “castas de seres vivos” donde lo más valorado es
¡oh, casualidad! tener justamente un cerebro desarrollado (si es que… ¡no damos
puntada sin hilo!), los trilobites azulados estos seguirán volviendo a
reinventar la vida durante siglos, milenios.
Nos
extinguiremos los humanos, o evolucionaremos tanto hasta ser ya otra cosa que
no responda a esto que ahora describimos como nuestro cuerpo [humano] [1].
Y las gambas estas a su rollo. Habrán “ganado” esta competición absurda
inventada por nosotros mismos para dar sentido a algo que, ciertamente, no lo
tiene [la existencia]. Seguirán esos moluscos de
exoesqueleto existiendo pese a todo y nosotros, sublimes cúlmenes de la
evolución natural, estaremos extintos, desaparecidos, no-existiendo.
Sí.
Estoy harta de la competición, de la idea de comparar lo incomparable, de
pensar que algo es mejor que alguien, de toda esa morralla inoculada desde la
cuna, con tufillo occidental si me apuras, con libro de instrucciones de modus
operandi individualmente universal que a todos sirve y a nadie vale. De esta
insatisfacción vital constante, de no abrazar la vida tal cual es y se nos
presenta, sino estar siempre en pie de guerra luchando incansablemente contra
molinos de viento gigantes. Estoy harta de evolucionar para sobrevivir a los de
mi propia especie que no dudan en correr si tienen patas ¡ea, porque las
tienen! O que dudan mucho, claro, y no se atreven.. y aún así siguen perpetrando
la “oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna” que es esta, nuestra/mi/tu/su
existencia.
[1] ¡Que no! Que no… que
desapareceremos tal y como nos conocemos… de ahí que andemos inventánonos
Gaias.
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