Sigues existiendo allá, en tu cuerpo. En tu
lozano, bellísimo, perfecto cuerpo que camina y respira y bosteza y crece y ensancha
el aire.
Sigues mirando el mundo a través de esos
ojos preciosos que llenan el universo de luz cegadora, de disparos de nieve.
Sigues sonriendo con tus dulces labios y
tus blancos dientes y tu suave lengua y tu pura esencia.
Sigues teniendo la fuerza acumulada que
nunca gastas esperando tiempos peores, y así es como te haces invencible, subyugando a todxs lxs que de la apacibilidad de tu alma han gustado .
Sigues creando esta tierra húmeda, fértil,
marrón ceniza. Ungüentos.
Sigues nutriendo al mundo de tu ser y
entrañas.
Sigues, lo sé, porque yo también sigo. Y
eso es inevitable ilustración de esta nada.
Y el día final, cuando te veas extinto y
creas que se acabó el seguir, allí entonces será cuando por fin estaré yo
lozana, cegadora, dulce, preñada. Cuando por fin todo cabrá en la cabeza de un
alfiler, y ya no nos querremos más ni menos que ayer ni que mañana.
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