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martes, 3 de junio de 2014

Tetraplejia no es un color


Cuando me desperté… hacía mucha sed y el gotero exhumaba gotas refrescantes por sus paredes de vidrio y acero. Olía. No a nada en particular que pudiese ahora mismo describir, simplemente olía todo; la almohada, la medicina, la enfermera que venía a ponerme asquerosos ungüentos ¡los ungüentos! Que de repente se abriera para mí el maravilloso mundo de los olores, olfato mediante recuperado por la avalancha de corticoides que me metían diariamente en el cuerpo, era un milagro que yo, atea de boquilla y pacotilla, no aprecié más que con obviedad cansina, aunque eternamente agradecida y no sin poco estremecimiento. ¿¡Y el respirar!? ¡qué absurda necesidad creada que nos meten estos del marketing de la evolución, o la supervivencia o quien sea que se encargue de eso! ¡un atraso, señorxs! ¡un atraso y un motivo más para agrandar la brecha de la desigualdad social! ¡Y eso se lo digo yo, que de eso sé yo un rato!
Y luego, con lo a gusto que estaba yo con todo allí, organizado, respirándome aquella máquina por mí, y yo solo encargada de viajar por los lugares más lejanos del universo… ¡bueno! También algún momento de asqueroso límite cerebral que no describo aquí por la escatología que sería grafiarlo completo. Pero en general [me] la pasaba bien, sobretodo de noche, aunque también tenía un poco como de algo que bien podría denominarlo ahora con esa palabra comodín que llamamos “miedo”. Pero entonces no era eso. Y no por falta de palabras, que siguieron estando allí aunque no me hicieran falta para nada, así que no las usaba en ningún momento. No necesitaba nada, come on, what are you talking about!? ¡Lo tenía todo ya! En el peor de los casos, si me atragantaba con una mucosidad ingente que emergía de mi garganta, solo tenía que escupirla hacia fuera mientras resbalaba viscosa por toda mi cara, y mis párpados se cerraban de nuevo hasta que llegara alguna de aquellas almas que diligente me retiraba todo aquello ¡Tarán! ¡era mágico! ¡como un sueño! (¡espera! ¿fue solo un sueño…?) Una vez casi me muero ¡bueno! una que yo recuerde, que hubo más por lo visto –en las pantallas, o monitores ¡o pulsómetros! o donde sea que ven esas cosas los del gremio-. Sabía, pues acepté armoniosamente y casi con displicencia mi nueva condición de solo ser pensante, que ellos no iban a entender mi comunicación, que vendríamos a llamarla ahora como telepática, supongo (dije que no usaba entonces las palabras, asíque ahora al intentar interpretarlas a este, mi castellano, me quedan un poco descompensados y cojos los conceptos), gritaba y el hospital entero volaba por los aires, Valencia ¡España! Se levantaba todo el agua de los océanos y el sol de apagaba y la nada se expandía más allá del cielo y el infierno. ¡Y nada! Allí no venía ni dios, ni las enfermeras.

Y yo me iba a morir ya, casi seguro… 

¡Bueno! no era todavía el momento.  
 


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