Se levantó vomitando estupideces, como hacía a diario. La diferencia era
que esta vez le escuchaban todos atentos, tomaban notas. Le rodeaban llenos de
intriga y asumiendo cada palabra como verdad inevitablemente catastrófica.
Probaba a cambiar de tema, pero allí seguían, ordenador en mano,
martilleando su tranquilidad con el impersonal y arrítmico sonsonete del
teclado. Vestidos con batas blancas de laboratorio… ¡Un momento! ¿Dónde estaba?
Era evidente que ésta era su habitación, la de siempre, donde se levantaba
todas las mañanas. Pero entonces ellos…
Da igual lo que dijera, no se podía deshacer de ellos que estaban por
doquier, que se turnaban para estar siempre enfrente a él, tecleando.
Esa noche le habían encerrado.
Cada cosa que decía se cumplía al instante. No sabía si era un sueño o
una pesadilla.
Florencia 2007


