Se le había olvidado hablar, pensaban aquellos insensatos que la miraban con ojos lozanos de febril impaciencia.
Lo que pasa es que ella ya sabía todo para atrás lo que había pasado, y sus palabras nuevas nada añadían al todo para alante que venía. Estando pues en un círculo que gira y gira, lo único sensato que se le ocurría hacer era ser relevante de sabiduría cada vez que su boca abría, que era rara y escasa vez.
Y así es como soltaba un refrán detrás de otro, que nunca fueron tales, sino verdaderas frases por alguien dichas en aquellos tiempos donde no había tablets y cada cual era relevante en cada pequeña obra, palabra y gesto que decía.
Y era una más en el mundo, la abuela de su tierra, la reina de la historia conocida, que sin luchar contra el aparheid ni salvar a las ballenas había hecho que la Tierra siguiera girando así como la conocemos y estudiamos hoy en día. Algo de lo que ella estaba ya más que enterada, aun que ¿qué importan esos matices, si siempre había sido así desde que se recuerda, en este círculo que gira y gira?