¡Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno!
Vacaciones en Miami sin reparar en gastos.
¿Por dónde empezar? Para no abrumarte, para no aburrirte.
Ahora que el tiempo y el espacio se me apelotonan en un mismo lugar y destino
que ya pasó y pasa, y seguirá pasando.
Te conté cómo empezaba a brotar la primavera ¿cierto? Aquel
encuentro con el linguista Sordo famoso que signó conmigo y yo sin creérmelo. La
actualización de la web del Departamento en el que “trabajo” con la foto y bio de una servidora incluida. Mis alumnxs sordxs pidiéndome que compartiera mi
experiencia como “sorda latina” (que, ni una cosa ni la otra, pero publiqué así
delante de todos un poema que tenía por aquí guardado y me quedé más ancha que
larga)
Pues con todo eso en la cabeza y cuerpo me cogí un avión
rumbo a Miami, donde entablé conversación y amistad con un señor que me invitó
amablemente a conocer su ciudad natal (Quito, Ecuador) y alrededores (Islas
Galápagos). En un email que luego me escribió me reiteró la oferta diciéndome
que era una chica “realmente excepcional, que le encantó mi temperamento y mi
forma de ser y de mirar las cosas” ¡me parece bien! Y me alegro. Porque estoy
empezando a maquinar seriamente mi viaje vital por las Américas y hay que tener
amigos dispuestos hasta en el infierno :-P
Pero sin enredarnos más en los aviones, que sé que no son
precisamente santos de tu devoción, pasaremos a lo que es la Tierra, y el mar,
y el aire ¡¡Y EL SOL!! Los cuatro elementos fundamentales de los que se compene
la ciudad que visité (y la silicona, pero ese lo omitiré)
Llegamos al aeropuerto y ya notamos que se repiraba y
hablaba diferente (concretamente ¡español!) Una ristra de pequeñas esculturas
de tiburones encima del ascensor que me bajaba a la cinta transportadora de
maletas Are you fu%$ing kidding me!?
¡¡BUENO!! ¡A lo que hemos venido! Me saqué una foto y todo, sin cerrar los ojos
ni nada. ¡Esto no había hecho más que empezar, amparo! Las vacaciones
prometían.
Un autobús accessible urbano normal nos llevó desde el
airport hasta el meollo mismo de la cuestión; South Miami Beach. Donde estaba
el hotelito reservado para la ocasión. La habitación no era completamente accesible, pero tampoco
estaba mal. Dejamos las cosas, nos cambiamos ¡y a ver el mar! ¡El Océano
Atlántico! Pero desde el otro lado del Charco, you know… El paseo de la playa asfaltadico de acera lleno de
personajes a cada cual más variopinto ¡y el atardecer de una esplendorosa luna
llena en el cielo despejado que poco a poco iba reflejándose en todo el mar
salado! Enmarcado en palmeras cocoteras, con música reggae en vivo de fondo y
la brisa de la playa… ¿qué más se puede pedir? ¡EXACTO! Ciertamente, nada más.
| atardecer en Miami |
Aún así, por ese gusanillo de la avaricia, será, o las
ganas, quise yo pedir compartirlo con alguien especial… ¡y hete aquí que en ese preciso momento, cuando ya la
noche estaba cerrada y estaba yo solica mirando embelesada la Luna, alguien
especial me llamó por teléfono! […]
¡En fin, que todo iba bien en este siglo de telecomunicaciones
instantáneas, hasta no sé en qué momento me desapareció el I-phone de la silla!
¡jarl! Más por perder la línea de comunicación con mi asistente personal, mi
familia y amigos que por nada. Seguimos visitando Miami de noche, lleno de todo
un poco y sobretodo de gente joven, guapa ¡y drogada! Y… la verdad que a mí no
me va mucho el rollo y estaba agotada, asíq me fui a dormir para madrugar a la
mañana siguiente y ver salir el Sol allá en el horizonte, cerquita de donde cae
España.
| Amanecer en Miami |
Conocimos a Juan, un indígena tarasco (de México) que puede
ser la persona más diligente y de buen corazón que haya conocido en mi corta
vida. Animoso, se ofreció para ayudarme a meterme en el agua (en la
piscina/pileta del hotel). Yo ahí guardé la propuesta, y me fui a dar una
vuelta a la playa.
| Luigi |
Allí conocí a Luigi, un señor que iba en silla de ruedas
manual y me retó una carrera ¡pero hacía
trampa! (tenía una pierna de plástico y con la otra se impulsaba).
| Alejo |
Estuvimos una tarde entera en italiano, de la mano de una pareja de romana y abruzzo (Barbara e
Pascuale) que coincidieron con Mario –de Pescara- y un par de italoamericanos
universitarios “ubriagos” de Spring Break que andaban siempre debatiéndose
entre excusarse por no saber hablar italiano y sintiéndose orgullosos de ser
americanos ¡que dios les pille confesados!
(Yo, además, como seguía a la mitad del libro de Puzo -El Padrino- mis
explicaciones en los malentendidos culturales que se nos daban eran la mar de
sesgadas… Jajaja. ¡Y es que es taaaan fácil y gracioso cuando ves las
obviedades de los misunderstandings lingüísticos y culturales desde fuera! No
pude por menos de disfrutar cual enana).
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| Silla para la playa |
Al día siguiente volví a encontrarme con Luigi, y hablamos
largo y tendido y me llevó a un sitio donde prestaban sillas de ruedas
especiales para la playa. ¡Parecía que estaba montada en un hammer! Jajaja.
| Camino a la orilla del mar |
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| Metiéndome en el Océano |
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| Sentada en la arena de playa |
Y al argentino Luis, al cubano Ernesto, al puertorriqueño
Elio Olivo, a los cubanos Heidi y su marido drogadicto y maltratador
MiguelÁngel, los del hotel (canarios, mongolas, ¡de Azerbayán!) y Celia y su
marido, unos abuelillos que habitan en DC y que quieren invitarme a un asado el
próximo fin de semana! Y Bob y su despanpanante mujer sacada de una serie de televisión
norteamericana, que lleva 20ypico años en silla y solo le falta por tatuarse el
rostro y las palmas de ambas manos, al colega. A ver si acuerdo con él un
intercambio de casas y e ofrezco ¡la tuya, mismo! Porque una casa accessible en
Miami a pie de playa…. ¡se me hace la boca agua! ¡Y mira que no he sido yo
nunca de playa! Que soy más de río que las truchas, o más de campo [castellano]
que las amapolas. Pero ¡oye! Una se acostumbra al buen weather y a la energía
del solecito rico en menos de una semana.
| Casi el paraíso en la tierra :-P |
¡CARIBE! Ahí es donde quiero ir yo. Next stop. Puerto
Rico/Bahamas. Si no quiso salir el proyecto de la lengua de signos de Haití (me
dejaron de poner en copia en los emails en cuanto se hizo más grande el proecto
y entraron jerifantes a manejar y decidir el cotarro) me ha salido otro similar
y más accessible, a saber; un estudio lingüístico de la LS de Puerto Rico. Con
dos puertorriqueños oyentes (Yaira y Ricardo) mu majicos, con mucha
inexperiencia a la par que ganas J.
Si me renuevan el visado de estudiante a trabajadora (que desde Gallaudet
parece que me abalan) quizás se materiaice esta vez de verdad ¡Todo se andará,
you know! Y además (siempre “si no”) me anda llamando Latinoamérica a gritos y
colores, amparo. Y no hay que ignorar ni acallar las voces el destino que se
transforman en intuiciones que te retuercen el gusanillo de la pasiónn y el
amor, que caen casi al lado, aunq se diferencian en prácticamente nada.
Después de meterme sentada en el Océano, de tumbarme en la
arena de la playa… llegué al hotel y requerí a Juan para meterme en la pileta
¡Gracias!
| Juan, la pileta del hotel y yo |
| Reggae music!! |
Y más detalles, más comida cubana, y conciertos de reggae
donde el cantante, con rastas hasta el suelo, me canta una canción agarrándome
la mano y despidiéndose con un beso en la rodilla que le pilla más cercana.
Fruta inverosímil, fresca, jugos, miradas… Todo estupendo y divino ¡como unas
vacaciones bien merecidas! Como si no hubiera un mañana…
Y luego el vuelo de vuelta, que coincidió que se sentó al
lado un porteño, y nos dejamos engatusar un poco el alma. E igual me invitó a
conocer Buenos Aires, Argentina, y una casa en un lugar paradisíaco que tiene
en la costa de Uruguay (rico, el gil) con 5 hijos y 3 mujeres –mismo número de
casas- que viaja más que Willy Fog por negocios y placer y me contó muchas
intimidades y pavadas, mientras también hablaba yo con su hija, una lobata de
nueve añitos muy relinda y resalada. ¡Ahí sí me voy yo! A la Argentina, amparo.
¡o qué séh yhó!
Pues aquí se acaba.
No doy a basto cada día en lo que me pasa. Y tengo ganas de
escribir, saltar, correr, volar… Pero me contengo a veces las ganas y me siento
un rato a escibirte/os/me, a escribir. ¿Quién sabe si, entonces, mañana…?
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