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viernes, 23 de mayo de 2014

Primavera

Rápido, rápido... que esto parece que va a durar toda la existencia, pero a veces resulta que es cíclico y luego viene lo que hemos venido llamando verano, otoño e invierno.

¡Es primavera! Aquí, en el árbol de enfrente de la ventana de mi oficina (un segundo piso), y hace un sol agradable y cálido, y hay unas ganas en el ambiente, un sentimiento de poder lo imposible...

Sigo disfrutando de cada nuevo segundo que vivo, de cada persona que está conmigo en cada instante.

¡Tengo un montón de nuevas ideas y proyectos y novedades! Tengo un montón de ganas ¡y una escara! Pero... ¡ea! ¿quién dijo que todo iba a ser siempre tan fácil?

Realmente me gustaría volar, pienso a veces, pero luego me entra la pereza y se está tan agusto sentadica, así, tetrapléjica... 



Yo, yo misma e Inés
(en el parque de mi ensoñada Gallaudet)

lunes, 12 de mayo de 2014

Fuck Aristotle


“ Todos aquellos que son sordos de nacimiento son también mudos, incapacitados para hablar y para elevarse a las ideas abstractas y morales”  

                                                                     Ἀριστοτέλης


¡Bendito Aristóteles! Que nos privó del oficio del contribuir al conocimiento de la humanidad durante siglos. 

Entiendo que no tuviera tiempo ni ganas el hombre para pasarlo con el primer personaje que se le cruzara en el camino -¡es como la civilización misma el colega!-, pero si hubiera tenido un poquito más de suerte, o tan solo diferente, quizás hubiera conocido a gente como Robert Sirvage, por ejemplo, o Mónica Antón, y aquellas palabras de la abstracción se las podría haber metido por el orrrrrrrrrto, mismamente.

Milnovecientos años después ¡que se dice pronto! se le ocurrió a un español "desafiarle" (¡con un par!) y pensó que a lo mejor sí que podían ser educados... [Nada que ninguna madre no supiera desde milnovecientos años antes de que naciera el susodicho griego en cuestión].

Finalmente, por ahora, quinientos años después -y por supuesto franceses y yankees mediante[s]-, me encuentro hoy en esta Universidad donde sinceramente dudo de que los oyentes seamos capaces de elevarnos si quiera una centésima parte de los que estos incapacitados son y sienten.

He dicho.

miércoles, 7 de mayo de 2014

RAYUELA - Ponguntá :-)


Y como curiosidad a destacar, que me ha hecho reflexionar personalmente, opino que recoge perfectamente en una sola frase esa dualidad en la que se encuentra ahora mismo Colombia… y toda Latinoamérica (¿y todo el mundo, toda la Historia de la Humanidad, todos los individuos?)

 <<Era la misma casa, sin duda, sin ser la misma: parecía más joven, y a la vez más antigua.>> 

La casa con luces de quinqueles y establos de caballos donde acontecían violaciones de estandartes populares de la liberación del país. La misma hacienda que con  sus muebles franceses de importación representaba entonces la emulación del avanzado continente europeo que venía a evangelizar espiritual, moral e intelectualmente a gentes que ya tenían su propia espiritualidad, moralidad e inteligencia.

<< No sabía, y aún lo ignoro, si los fantasmas existen, y si es así, si puede haber un fantasma que venga del futuro, no del pasado.>> 

Si no es una tontería que se asusten el uno del otro y el otro del uno, en vez de aprovechar esa conjunción de tiempo y espacio para hacerse el amor, en vez de gritarse de miedo. Para aprovechar todo lo bueno que te trae la tradición del pasado y lo que te aporta la visión de futuro… y todo eso en la colisión que es el presente.


lunes, 21 de abril de 2014

Nueva odisea



Me imaginé yo, 

Ulises tetrapléjica sin necesidad de ser atada al mástil, y todxs mis compañerxs sordxs sin cera en los oídos remando por aquellos lugares donde la tentación sólo a mí me canta dulce y suave... 



Ulises atado, las sirenas aladas y los remeros oyentes


Jajaja. 

Es para morirse de risa.

miércoles, 2 de abril de 2014

Elephant love medley



Ahora me he enamorado de un chiquillo. Sordo. Italoamericano. Con una fuerza y energía tan arrolladora que llena cualquier lugar donde se encuentre, abierto o cerrado. Está TAN lleno de amor. Es TAN inocente. ¡Me encanta, Amparo! Me encanta. Y, sí, tiene sus cosas ¿¡Quién no las tiene!? Desde el primer momento que nos vimos, nos entregamos. Él más que yo, diré, sin darse cuenta, como se entrega a todos y a todo ¡pero yo sí me di cuenta! Y me encanta llenar mis pensamientos con la posibilidad de que respiremos algún día, acompasados.

Ayer mismo intenté que nos viéramos y fue como una obra teatral de comedia de salón, jaja. ¡más majo! Quedamos, proposición mía e idea suya mediantes, en el Museo de Historia Natural ¡para ver rocas! Y gemas, y piedras… jajaj Es para morirse de risa. Un domingo por la mañana. Yo le comenté que por mi tendencia española quizás no llegaría puntual, y él no entendiendo adecuadamente mi advertencia, cambió de las 10am a la 1pm la cita, sin fijarse luego si yo consentía. Así que… ¡missunderstanding1 al canto! Llegué yo remarkably early for an appointment2 (9:40am) y le esperé en el elefante disecado que domina la sala central del museo durante más de una hora larga. Preguntándome por qué no aparecía y sin arrepentirme de no haberle dado mi número de móvil para que pudiera contactarme en caso de… ¡pues de eso mismo que fuera que estaba pasando! Porque creía en el fluir y el destino y la vida y lo que fuera… ¡¡Y NO LLEGABA!!

Al rato, pues, me fui a ver la creación del Sistema Solar yo solita, y las rocas, y las gemas. Piedras volcánicas, extraterrestres ¡un trocito de Marte toqué con mis propias manos! Y durante todo esto con la inocente esperanza de que alguien, por ejemplo él, me tocara suavemente el hombro mientras yo leía en un panel sobre los terremotos producidos por los movimientos de las placas tectónicas.

         Silencio sepulcral.         Nada.

“Quizás [pensé] no habrá visto mi email-respuesta de que prefería a las 10 en vez de a la 1, y venga al elefante a las 13:00”. Así que bajé again3 a la entrada principal y esperé de nuevo otro ratito mientras veía a la gente pasar; a los
padres señalar, a los niños iluminársele los ojos de la cara al entrar… 45 minutos. 
No vino. 
Yo con hambre, con otra cita más tarde con Martin y con toda la morralla social metida en mi cabeza desde niño (¡qué desfachatez eso de hacerme esperar durante horas! ¿no respeta mi tiempo? ¿¡no me respeta a mí!?). Me fui por donde había venido, dejando tras de mí al paquidermo colosal. 

15 minutos después, mientras yo me subía al autobús que me llevaría al mercado dominical, un chico sordo italoamericano se sentaba en el banco de al lado de un enorme bicho disecado que, esperando mi llegada que nunca aconteció, se dedicó a mirar a la gente pasar hasta media hora antes de que el museo donde se ubica nuestra acción cerrase sus puertas al público y a la oportunidad de habernos compartido nuestra alma enteramente y para siempre, cara a cara. [Mano a mano al signar ;-P]


Inés. 19 Noviembre 2013.
Washington DC.



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 P.D. Volveré a intentarlo, no obstante, porque me parece a mí que tengo ganas de idolatrarle con razón :-P

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Malentendido
Excepcionalmente temprano para una cita.
Otra vez

martes, 1 de abril de 2014

La vida secreta de las piedras


El impresionante coronel asesinado, disecado y transportado con premeditación y alevosía desde la sabana Africana a la rotunda del Natural History Museum de Washington DC hace más de medio siglo sigue siendo el mayor cómplice y testigo de este febril nuevo relato que alberga mi alma.

Esta vez llegué tarde, y allí estaba el núbilo coronado en gorro de lana el cual sustituia a su habitual sombrero italoamericano, esperando los minutos de rigor que, por lo que sé, es capaz de extenderlos hasta horas, saboreando ese tiempo regalado de la nada.

Glad to see you[1]. El placer es mío. ¿Qué hacemos, dónde vamos, qué vemos? ¿Es tu primera vez en el Museo? ¿Qué prefieres; mamíferos, evolución del hombre, genoma… fotografías de los ganadores del último concurso ¡o lo que sea! del National Geographic (mención especial a un par de españoles, por bierzo)? Y sus ojos destelleando ganas e ilusión ¡y amor! Pero no especialmente por mí, sino por todo y todos [which I guess it is nice, but I want him to love me a little more than everything and everyone else… :-P[2]] Y allí, en medio de aquella sala llena de fotos, niñxs y pmadres nos pusimos a signar sin pudor, de la manera más natural y bella que os podáis imaginar. Con todo su cuerpo, su esplendorosa sonrisa y cejas y labios y esas hermosas manos a las que siguen antebrazos hechos a imagen y semejanza de lo más parecido a un dios que pueda existir en la mente humana que prometen un cuerpo de dulce ambrosía al acabar ocultos en una camisa a cuadros geométricos de colores otoñales, como la estación y el tiempo atmosférico marcan. Explicándome cómo se revelan las fotografías analógicas, cerrando los ojos mientras se mete –lingüísticamente hablando- en un cuarto oscuro y saca el carrete de las entrañas de la cámara y lo pone no sé dónde y hace no sé qué… ¡ya no recuerdo lo que estaba signando! mi mente se ha desconcentrado en querer besarle suavemente los párpados cerrados, que de vez en cuando abre fugazmente para comprobar que sigo atenta a su explicación por lo demás aburridamente técnica. ¡La magia de la lengua de signos y yo (¡y él! ¡sobretodo él!), que hace del tedio una película en 3D!

Llegó, entre preguntas y detalles, la esperada hora de ver las gemas, piedras y rocas. Jajjaj. ¿Quién me hubiera dicho a mí que alguna vez me iban a resultar tan espectacularmente fascinantes [quizás Analeticiamateosjarrin]? Empezamos con las joyas de no sé qué corona. Una labor intrahistórica de un modesto artesano que quizás dedicase su vida a engarzar con precisión mimo y esmero unos materiales tan poco agradecidos como aquellos ¿Para qué? ¿Para ofrecérselo a una mujer florero? me decía el Joven un poco desencantado de que lo que moviese el mundo antaño fuera el poder y el dinero. ¿Y entonces a quién? Le instigué, porque no acababa de comprender a qué se refería exactamente… pues a una mujer que hubiera trabajado con tanta motivación, delicadeza y ganas como había trabajado el ya obrero, el susodicho joyero. Quizás a la mujer de su vida, como aquel hombre de la mía en su día lascó y lijó una rama de madera en las tardes lluviosas de Dublín para hacer germinar un anillo que olvidé en nuestra luna de miel en París, mientras el suyo se embotaba colgado en su cuello. ¿Cómo íbamos a querernos eternamente si sellamos nuestro compromiso de amor con unos materiales tan perecederos como la madera en su caso, tan efímeras como las palabras en el mío? Se terminó, nos fuimos. Se marchó y yo seguí rodando, mientras pensaba que no me movía, como la Tierra que rota y a mí me parece que es el Sol el que nos gira en derredor. ¡Hay que ser ignorante, o inocente, o incuriosa! ¡Qué sé yo! ¡Habrá que ser tan solo yo! Que me parece que estoy descubriendo cada cosa. Cada día.

Pero volviendo a lo que hoy nos atañe, regresemos de nuevo a la sala de luz tenue donde se ven reflejados colores transparentes de esmeraldas, rubies y zafiros.

Cada piedra se parece a undeterminado universo y tiene un proceso de elaboración centenario, me describía con sus manos de David de Miguelángel. Va acumulando poco a poco cada partícula que forma la esencia de lo que acaba siendo (en aquel momento y para mí, que yo soy mucho del “aquí y ahora”, una exhaustiva selección expuesta entre vitrinas de la capital de un gran país). Pero las piedras están vivas, me dijo como quien dice “mañana va a llover”. Y están tristes ahí encerradas, sin poder interactuar con la naturaleza donde se crearon a base de una determinación y serendipia tenaz y constante. Ni si quiera pueden tocarnos a nosotrxs, que las admiramos, ignoramos y despreciamos sin saber conscientemente por qué. Todavía nos queda tanto por desaprender… Creemos que hemos avanzado mucho en poco tiempo, pero en realidad esta prisa, como bien sabe todo aquel que lleva sotana y monaguillo, no es buena ni para vestirse. Este saber occidental que no me queda otra que agradecer cual aquejada del síndrome de Estocolmo, no implementa sanamente aquello que ciertamente sería indispensable en otro mundo posible, si tuvieran la deferencia de escuchar a aquellos que no tienen voz, porque Ramón Ramírez se la robó hace tiempo, y se la sigue/seguimos robando... ¡qué sinvivir! ¡Y qué lluvia de piedras (previa compra debarbas primero, por supuesto)! aprovechando el hilo conductor de esta historia y que por aquí estamos todos familiarizados con los dichosos dichos cristianos, que no sin agua suenan.

Dudas me asaltaban y le preguntaba sin obtener buena respuesta, ya que ninguno era ducho en el tema y divagábamos cual poetas creyendo que otro universo mejor estaba siendo ya posible, pero… ¿cómo clasificaban las rocas taxonómicamente de tan accurate way[3] antes de que existieran las técnicas modernas con las que hoy contamos? Hubo una vez hace mucho tiempo, o a día de hoy en algún lugar lejano de otra galaxia, que cada piedra, única en forma, tamaño, textura y color, se conocía personalmente y poco a poco ¡como la vida misma! Luego también (¿o a la vez?) sus propiedades y utilidades[4] medicinales, para extraer pigmento y decorar paredes de reyes cual muros de feisbuk[5] etc. Pero ahora, con el invento ese de la alquimia, se han sacado de la manga los medidores del espacio y el tiempo esta cosa de las moléculas y los elementos que las agrupan en clubs cerrados de identidades delineadas en teoría, pero que se expresan de los más diferentes sabores en la práctica. Tan diferente me parece un cuarzo y la mirra como un trucho de una trucha y, a su vez, tan diferentes me resultan comparados con una ballena y un escarabajo pelotero, pasando por la manzana, el mono, el reino fungi y, por supuesto, el Everest (que cruza la pared buscando a un/a tal Mahoma). ¡Y luego los nombres que las denominan, con etiquetas del latín que sigue vivo aunque lo quieran dar por muerto! ¿Y cómo será que se llaman esas piedras en China? ¿y en Borneo? ¿Y en una comunidad remota de Sordos que se hubiera desarrollado también milenariamente como este inglés con el que me visten y calzan cada día, cual buena tetrapléjica y señorita que soy? Porque, sí, creo yo que la lengua que hoy alcanzo a expresar viene a ser una amalgama de todas aquellas que algún día empezaron con la buena voluntad de ser de utilidad para la comunicación[6] ¡y mira la que se ha liado en poco tiempo! ¡ni que Babel fuera más alta que las mismísimas Twin Towers[7] de Manhattan! Anyway… Que cada piedra es un mundo, claro, pero algunas son más universo que otras, o algo ¡o yo qué sé! (pero por humildad, you know…)

¡Piedras! en el museo de Historia Natural de DC


Seguimos mirándonos a través de las vitrinas, o más bien él miraba las piedras mientras yo le miraba a él. Así, enamorada hasta las ruedas, jajaja. Hasta que dieron las 12, y cual ceniciento ocupadísimo y moderno tuvo que marcharse ¡y se marchó! Olvidándose de dejar tras de sí un zapatito, el despistado. Así que muy probablemente no nos volvamos a ver… 

Una pena, porque yo quería verle desde ese momento hasta para siempre, todo el rato. Y ahora tendré que conformarme con un relato de piedras donde escribo oculto su nombre entre letras y justifico así otra hora más de mi anodina existencia haciendo lo que la cabeza y el cuerpo me permiten, y por lo que estoy infinitamente agradecida, que es este que me leáis que llevo encima.

Hasta más buen ver.


Inés. 2 diciembre 2013.
Washington DC



[1] Me alegro de verte
[2] Lo cual está bien, creo… pero me gustaría que me quisiera a mí un poquito más que a todo y todos… jeje.
[3] De una manera tan precisa/exacta y correcta.
[4] Al final parece que la palanca que hace iniciar todo movimiento –que no punto de apoyo- es la absurda utilidad.
[5] ¿o era Altamira?
[6] ¡ahí es ná! ¡Con un par de ovarios!
[7] Torres gemelas

domingo, 30 de marzo de 2014

¡Y ese solecico rico!


¡Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno!

Vacaciones en Miami sin reparar en gastos.

Palmeras en Miami

¿Por dónde empezar? Para no abrumarte, para no aburrirte. Ahora que el tiempo y el espacio se me apelotonan en un mismo lugar y destino que ya pasó y pasa, y seguirá pasando.

Te conté cómo empezaba a brotar la primavera ¿cierto? Aquel encuentro con el linguista Sordo famoso que signó conmigo y yo sin creérmelo. La actualización de la web del Departamento en el que “trabajo” con la foto y bio de una servidora incluida. Mis alumnxs sordxs pidiéndome que compartiera mi experiencia como “sorda latina” (que, ni una cosa ni la otra, pero publiqué así delante de todos un poema que tenía por aquí guardado y me quedé más ancha que larga)

Pues con todo eso en la cabeza y cuerpo me cogí un avión rumbo a Miami, donde entablé conversación y amistad con un señor que me invitó amablemente a conocer su ciudad natal (Quito, Ecuador) y alrededores (Islas Galápagos). En un email que luego me escribió me reiteró la oferta diciéndome que era una chica “realmente excepcional, que le encantó mi temperamento y mi forma de ser y de mirar las cosas” ¡me parece bien! Y me alegro. Porque estoy empezando a maquinar seriamente mi viaje vital por las Américas y hay que tener amigos dispuestos hasta en el infierno :-P

Pero sin enredarnos más en los aviones, que sé que no son precisamente santos de tu devoción, pasaremos a lo que es la Tierra, y el mar, y el aire ¡¡Y EL SOL!! Los cuatro elementos fundamentales de los que se compene la ciudad que visité (y la silicona, pero ese lo omitiré)

Llegamos al aeropuerto y ya notamos que se repiraba y hablaba diferente (concretamente ¡español!) Una ristra de pequeñas esculturas de tiburones encima del ascensor que me bajaba a la cinta transportadora de maletas Are you fu%$ing kidding me!? ¡¡BUENO!! ¡A lo que hemos venido! Me saqué una foto y todo, sin cerrar los ojos ni nada. ¡Esto no había hecho más que empezar, amparo! Las vacaciones prometían.

Un autobús accessible urbano normal nos llevó desde el airport hasta el meollo mismo de la cuestión; South Miami Beach. Donde estaba el hotelito reservado para la ocasión. La habitación no era completamente accesible, pero tampoco estaba mal. Dejamos las cosas, nos cambiamos ¡y a ver el mar! ¡El Océano Atlántico! Pero desde el otro lado del Charco, you know… El paseo de la playa asfaltadico de acera lleno de personajes a cada cual más variopinto ¡y el atardecer de una esplendorosa luna llena en el cielo despejado que poco a poco iba reflejándose en todo el mar salado! Enmarcado en palmeras cocoteras, con música reggae en vivo de fondo y la brisa de la playa… ¿qué más se puede pedir? ¡EXACTO! Ciertamente, nada más.

atardecer en Miami


Aún así, por ese gusanillo de la avaricia, será, o las ganas, quise yo pedir compartirlo con alguien especial… ¡y hete aquí  que en ese preciso momento, cuando ya la noche estaba cerrada y estaba yo solica mirando embelesada la Luna, alguien especial me llamó por teléfono! […]

¡En fin, que todo iba bien en este siglo de telecomunicaciones instantáneas, hasta no sé en qué momento me desapareció el I-phone de la silla! ¡jarl! Más por perder la línea de comunicación con mi asistente personal, mi familia y amigos que por nada. Seguimos visitando Miami de noche, lleno de todo un poco y sobretodo de gente joven, guapa ¡y drogada! Y… la verdad que a mí no me va mucho el rollo y estaba agotada, asíq me fui a dormir para madrugar a la mañana siguiente y ver salir el Sol allá en el horizonte, cerquita de donde cae España.

Amanecer en Miami


Conocimos a Juan, un indígena tarasco (de México) que puede ser la persona más diligente y de buen corazón que haya conocido en mi corta vida. Animoso, se ofreció para ayudarme a meterme en el agua (en la piscina/pileta del hotel). Yo ahí guardé la propuesta, y me fui a dar una vuelta a la playa.

Luigi
Allí conocí a Luigi, un señor que iba en silla de ruedas manual y me retó  una carrera ¡pero hacía trampa! (tenía una pierna de plástico y con la otra se impulsaba).







Alejo

También a Alejo, un artesano colombiano que por fin engarzó la joya que aquel bereber sahariano me regaló allá en el lejano dosmil y no sé cuánto. ¡Es curioso! ¡Cómo se confabula el mundo para que las bellas personas que lo habitan estén de alguna manera mágica entrelazadas! Nos hicimos amigos y le visité luego cada día. Él mismo me presentó a un indígena oriundo de Florida, que hablaba un español más limpio y puro que el del mismísimo Fray Luis de León ¡ja! Amén del inglés, su propia lengua nativa y seguro que alguna más… Nunca vi a nadie con tanta presencia y porte como este señor/caballero. Indio seminola. Todo tatuado el cuerpo. Y ni si quiera le vi la mirada, pues llevaba unas gafas opacas.

Estuvimos una tarde entera en italiano, de la mano de una pareja de romana y abruzzo (Barbara e Pascuale) que coincidieron con Mario –de Pescara- y un par de italoamericanos universitarios “ubriagos” de Spring Break que andaban siempre debatiéndose entre excusarse por no saber hablar italiano y sintiéndose orgullosos de ser americanos ¡que dios les pille confesados!  (Yo, además, como seguía a la mitad del libro de Puzo -El Padrino- mis explicaciones en los malentendidos culturales que se nos daban eran la mar de sesgadas… Jajaja. ¡Y es que es taaaan fácil y gracioso cuando ves las obviedades de los misunderstandings lingüísticos y culturales desde fuera! No pude por menos de disfrutar cual enana).

Silla para la playa
Al día siguiente volví a encontrarme con Luigi, y hablamos largo y tendido y me llevó a un sitio donde prestaban sillas de ruedas especiales para la playa. ¡Parecía que estaba montada en un hammer! Jajaja. 


Camino a la orilla del mar


Yo, con una sonrisa que no me cabía en el pecho, le agradecí tanto ese “pequeño” regalo que me había brindado de poder estar de nuevo sobre la arena de la playa que el hombre se entregó a mí en cuerpo y alma y me empezó a prometer locuras como convertirme en sirena y meterme en el agua. La primera en realidad ya lo era (una niña, cuando le conté que no podía mover las piernas ya hace años, enseguida se dio cuenta y desenmascaró mi verdadera naturaleza de sirena… ¡barada! :-P) y la segunda… ¡dicho y hecho! Al día siguiente, en otra silla de ruedas especial creada para eso, me fui metiendo poco a poco en el aguaaa… “¡Cierra la boca!” Me decía Luigi, porque una ola me había pillado desprevenida y mi cara de sorpresa se componía, básicamente, en abrir la boca cual ballena comiendo crill.

Metiéndome en el Océano


Sentada en la arena de playa
Y al argentino Luis, al cubano Ernesto, al puertorriqueño Elio Olivo, a los cubanos Heidi y su marido drogadicto y maltratador MiguelÁngel, los del hotel (canarios, mongolas, ¡de Azerbayán!) y Celia y su marido, unos abuelillos que habitan en DC y que quieren invitarme a un asado el próximo fin de semana! Y Bob y su despanpanante mujer sacada de una serie de televisión norteamericana, que lleva 20ypico años en silla y solo le falta por tatuarse el rostro y las palmas de ambas manos, al colega. A ver si acuerdo con él un intercambio de casas y e ofrezco ¡la tuya, mismo! Porque una casa accessible en Miami a pie de playa…. ¡se me hace la boca agua! ¡Y mira que no he sido yo nunca de playa! Que soy más de río que las truchas, o más de campo [castellano] que las amapolas. Pero ¡oye! Una se acostumbra al buen weather y a la energía del solecito rico en menos de una semana.

Casi el paraíso en la tierra :-P
¡CARIBE! Ahí es donde quiero ir yo. Next stop. Puerto Rico/Bahamas. Si no quiso salir el proyecto de la lengua de signos de Haití (me dejaron de poner en copia en los emails en cuanto se hizo más grande el proecto y entraron jerifantes a manejar y decidir el cotarro) me ha salido otro similar y más accessible, a saber; un estudio lingüístico de la LS de Puerto Rico. Con dos puertorriqueños oyentes (Yaira y Ricardo) mu majicos, con mucha inexperiencia a la par que ganas J. Si me renuevan el visado de estudiante a trabajadora (que desde Gallaudet parece que me abalan) quizás se materiaice esta vez de verdad ¡Todo se andará, you know! Y además (siempre “si no”) me anda llamando Latinoamérica a gritos y colores, amparo. Y no hay que ignorar ni acallar las voces el destino que se transforman en intuiciones que te retuercen el gusanillo de la pasiónn y el amor, que caen casi al lado, aunq se diferencian en prácticamente nada.

Después de meterme sentada en el Océano, de tumbarme en la arena de la playa… llegué al hotel y requerí a Juan para meterme en la pileta ¡Gracias!

Juan, la pileta del hotel y yo

Luego ya, cogiendo carrerilla, también me duché en la habitación del hotel aprovechando que era medianamente accesible y que en mi casa esos lujos no los tengo, ya que nuestro baño está en la segunda planta.

Reggae music!!
Y más detalles, más comida cubana, y conciertos de reggae donde el cantante, con rastas hasta el suelo, me canta una canción agarrándome la mano y despidiéndose con un beso en la rodilla que le pilla más cercana. Fruta inverosímil, fresca, jugos, miradas… Todo estupendo y divino ¡como unas vacaciones bien merecidas! Como si no hubiera un mañana…

Y luego el vuelo de vuelta, que coincidió que se sentó al lado un porteño, y nos dejamos engatusar un poco el alma. E igual me invitó a conocer Buenos Aires, Argentina, y una casa en un lugar paradisíaco que tiene en la costa de Uruguay (rico, el gil) con 5 hijos y 3 mujeres –mismo número de casas- que viaja más que Willy Fog por negocios y placer y me contó muchas intimidades y pavadas, mientras también hablaba yo con su hija, una lobata de nueve añitos muy relinda y resalada. ¡Ahí sí me voy yo! A la Argentina, amparo. ¡o qué séh yhó!

Pues aquí se acaba.

No doy a basto cada día en lo que me pasa. Y tengo ganas de escribir, saltar, correr, volar… Pero me contengo a veces las ganas y me siento un rato a escibirte/os/me, a escribir. ¿Quién sabe si, entonces, mañana…? 

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