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jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Estoy aquí porque quiero, o porque quiero estar aquí estoy?

¿Estoy aquí porque quiero, o porque quiero estar aquí estoy?

En esta nueva manera de entender el mundo y quererme de nuevo -resilencia, lo llaman ahora, cuando quieren decir sexo-, veo como unas cosas se transforman en otras por arte de magia (o hipnosis, no sé muy bien). Cómo el conformismo es adaptabilidad y siempre vence, por supuesto, el que logra materializarse más tiempo y ahora, por lo visto, más lejos.

Este sabor a metálico en la boca a veces, como si te hubieran dado un golpe de esos que decimos que saben a peras... ¡Pues eso! El que es pera, si quiere que se pele o se deje pelar. Para todo lo demás...

martes, 2 de septiembre de 2014

10 cosas que no sabía sobre la discapacidad

1. No tiene relación directa con comer membrillos, al menos hasta donde yo sé (con el tocino un poco… ¡creo!).

2. Lo mismo da que la tengas (¡certificada y con tarjeta! ¡ojito!) que no, sigues sin entender una mierda de qué va todo esto.

Y… básicamente ya. 

Las otras ocho las omito, o mejor dicho ni las pienso, que en términos económicos algunos espabilaos dirán que me las ahorro. Pero en este sinsentido de ver patrones donde ciertamente los hay (y léase “los hay” como “nos los sacamos de la manga”) y hacer miles de listas de cosas que deberías hacer antes de cagar esta mañana y demás utilísimos consejos para la vida metafísica de hoy en día, quería yo contribuir hoy con mi granito de agua. 

¡Ays! ¡Que me lío! 

viernes, 29 de agosto de 2014

Yo sigo a mi tarea


He vuelto a este lugar que tímidamente llamo hogar. Tímida, porque todavía delibera si me da el permiso o no de salir y entrar de aquí cuando yo quiera (o pueda, vaya), porque me da no sé qué llamar hogar a una cárcel de oro tan grande que no acabas de ver bien las rejas. Porque además yo me creo todo eso de ser ciudadanx del mundo y la calidad de vida y elegir tu propio destino y esas cosas que tanto vienen vendiendo de un tiempo a esta parte y mi hogar está allí donde estoy yo, mismamente, y todxs aquellxs que me quieren, que se concentran quizás en número en puntos concretos de la geografía terrestre, pero que me consta están worldwideweb y más allá, cual la insidiosa internet, que no por ello es menos deidad (¡y no sé si hembra!).

¡Pero me lío! Y quería yo solo explicar que aquí hay más mosquitos que en otros lugares donde he estado, o me pican donde parece que los siento yo más (que en mi cuerpo tetra se reduce la superficie a un 30%, siendo …) ¡y me rasco! Que es lo que tengo yo, que soy muy del aquí y el ahora, ya me conocéis los que me conozcáis (¡bueno! y que lo dejo todo para mañana, pero esa es otra historia). Y el comer y el rascar... ¡ya sabéis! He destapado la caja de Pandora –y yo que pensé que donde me adentraba era en el Paraíso del Edén- y esto no ha hecho más que empezar. Nada nuevo, por otro lado, mismo patrón experimentado en esta y otras seculas vitales como “¿Cómo me hice de varias sectas en la niñez?” “El deporte no lo es todo” o “me he enamorado del rarito de mi clase”. Esta cadencia, que bien pudiera ser tan solo carencia, de querer a los queribles, de amar a los amables, de reflejarme rebotada en miradas de espejos amplios limpios, robustos y brillantes (¡ni laRAE, amparo!) como de hecho en mi culo luego todo parece explotar, no es más que la evidencia de lo que siempre fue evidente. ¿Me se entiende? ¡Que me ha dao por los negros, madre! Que yo no sé qué tendrán. Pero que cuando “you´ll go black, you´ll never back”, dicen. ¡Y por los indígenas nativoamericanos, cuidao! Que no hago yo vistas minuciosas, sino gordas, siempre gordas (aunque los aborígenes me han caído de momento un poco de soslayo). Y por los homeless, las chicas en sillas de ruedas –eléctricas y manuales-. ¡Y por las mujeres, coño! Ovarios, ojos y bazo ¡de todo un poco! No vayamos a definir solo a aquellas por lo que las diferencia, sino también por lo que las constituye (whatever)

La caja de Pandora, como digo, que quizás sea pequeña comparada con el árbol del [des]conocimiento, pero que está tan llena de prístinos detalles, cual matrioska la jodía ¡si es que somos tan creativas! [¡coño!], que no puedo por menos de ponerlo todo aquí arrebujao y alborotao, sin tejer ni ná de ná, que ya vendrá un penélope de turno o un ingeniero de caminos. Tanto más me da. Yo sigo [tetra] a mi tarea, chichivoy boy voy, chichivoy, boy, voy.

viernes, 13 de junio de 2014

Ni tanto ni calvo


Un religioso practicante utilizando las herramientas metodológico-cognitivas de los académicos científicos para "hacerles ver la Verdad" suena tan histriónico como cuando aquellos dicen, repiten y oran (¡uy, no!¡eso último no!) algo así como "cuando yo te explique cómo darte cuenta de que dios es una invención tuya/vuestra, entenderás por fin la realidad que yo -y unos colegas- estamos minuciosamente describiendo*. De nada." 

*Y cuando digo "describiendo"... podría leerse también prescribiendo, o... ¡bueno! ¡no me hagáis escribir más!

Pero será como la derecha y la izquierda, cuando una campa a sus anchas, la otra normalmente se siente arrinconada. Acorralada. ¡Qué ley de vida más puta! (pero nadie dijo que fuera justa...)

Que está todo bien (¡o mal, vaya!), y hay que empujar y fluir, y estar en movimiento y reposo y un montón de movidas mentales chungas que estresan el cuerpo, la razón, el corazón, el espíritu, el alma y la mente (¡y el bazo!). 

Pero solo venía yo a decir... que ni tanto ni calvo. 
(Sí, el "tan" [me] sobra)

¡Ahora! Que dicen por ahí que cocinar término medio no es ninguna ciencia, pero yo todavía ando aprendiendo a pelar patatas :-S

Feliz año, amparos.

No veo la hora.

martes, 3 de junio de 2014

A day/night to remember



A day/night to remember…

Postrada en la cama (soy tetrapléjica. Hola ¿¡Qué tal!?) empecé aquel eterno día. 

Desayunando en mi jardincito sin creerme casi el buen tiempo que hacía. Vi a mi sobrinico recién levantao de la siesta, ejerciendo su derecho a ser llevado a que sus padres votasen (¡por Europa!) y charlé con mi amiga La Fiestas que brava pirata con parche y una hermosa son-risa me encomendó entregarme aquella misma tarde que, como no podía ser de otra manera, acabaría en noche para el recuerdo.

Primero realicé mis quéhaceres, aunque llegué ya como a destiempo, un poco tarde. Y después agarré el autobús que me llevó cerquita, cerquita de donde empieza este viaje. Meridian Park (aka. Malcom X Park).

Allá, cuenta la leyenda, hace cuarenta años se reunían cada domingo filas, ristras, de tambores que cantaban en la tierra (a, por, para, con, durante y mediante). Allá se juntaban los jefes de todas las tribus de América. Venían maestros de todos los rincones del continente, y allí invocaban la magia universal, que redentora les nutría con más domingos. Uno cada siete días.

Allí fui yo, me llevaron, cuando llegué a estas tierras. Una amiga –un ángel- que me acogió bajo su protectorado me mostró este milenario ritual un día que se produjo hermoso. Sensato. Hace ya casi dos rondas solares. // Volví de vez en cuando sola, acompañada, con compañía y en solitario. Fui viendo, descubriendo, dejándome impregnar por el sonido. Y el sonido me fue mojando…

Y cuando secó, en primavera, germinó una breve raíz. Tímida. Parecía que incluso rezagada… Salió, cual topo curioso, una noche que la Luna se encontró con esta sorta di maraviglia que era la semilla de toda la humanidad entera.

Allí estaba yo ayer. Y un druída de la zona me invitó a una gruta secreta… Yo acepté sin recelo, pero recordando que no debía demorarme demasiado, no porque yo sea una bella cenicienta, sino porque mi culo escarado necesitaba descansar de estar sentado un rato para otro viaje más largo y esperado que ya está a punto de acontecer[me].

Llegué y aquello era como los Alpes (o Apalaches :-P) ¡pero al revés! Unas escaleras interminables bajaban hasta aquellas catacumbas secretas, con guardián cancervero en la puerta que, como venía bien acompañada (parecía), me sonrió bien.

Lío de ascensores que no eran del local pero hicieron las veces de barca de Caronte y me engulleron los oscuros sonidos de tecno-music donde me vi envuelta (¿o atrapada?) de repente. Llegó Eduardo, bellísimo indígena guatemalteco que portaba un djembe tan hermoso como él. Hablamos de todo y de la muerte también, de la eternidad en un pequeño cuerpo contenida. No pude por menos de desnudarme entera, como ya estaba, y de invitarle a él también a quitarse la ropa para admirar su recio cuerpo, su portentosa fisonomía que transmitía historias de más de un millón de almas. No nos hicimos el amor, si os lo preguntáis. Solo nos compartimos dulce, suave, la mirada.

Llegó un marroquí también a compartir un poco conmigo lo que iba a interpreter aquella misma noche. Luego le escuché atenta y sentí como si me transmitiera algo más longevo que su mirada. Pero apenas sí sé yo escuchar con mis oídos de oyente encarcelada. Puse la mano y todo mi brazo en el bafle, si eso ayuda a idearos mi torpeza. Ni con dos cajas negras podría yo si quiera empezar a atisbar lo que quería él mostrarme aquella noche sagrada.

Moon siguió enamorándose de él mismo a través de mí. Es algo que he notado que a algunos hombres les gusta hacer. Me bailó, me tocó, me besó furtivo en la mejilla como si me entregase todas las ganas contenidas de años de castidad autoregalada. Disfrutaba cuando quería con él, y cuando no sin él. Todo marchaba en perfecta armonía aquella hermosa mañana (¡o qué sé yo qué astro lucía arriba, allá fuera de aquella h/ura que con nutriente tesón nos amamantaba).

También tuve encontronazos con personajes más reales, de andar por casa. Un judío de Wisconsin ¡por ejemplo! que bailaba zalamero al trenecito estrellado contra la pared con un montón más de cuerpos apelotonados, deseosos y juguetones que regalaban feromonas sin importer a quién. ¡Cuánta juventud en personas no medularmente lesionadas! ¡Quién fuera tan inconsciente de todo lo que el cuerpo es capaz de hacer! Luego un surcoreano entrado en años y extasiado –quiero creer que solo borracho- me agasajó con dos billetes de cinco dólares solo por mirarle bailar con naturalidad y hasta casi entretenida (¡me reí un rato largo! ¡Eso no había gitano que se lo saltase!), y cuando le quise devolver la cuantía, se enfadó y se alejó gritando “nononono” ¡en fin! De diferentes maneras de ser y estar en el mundo -¿religiones-culturas?- está la vida llena! ¡Y Blake! Un muchacho que, amigo mediante, me quiso “entregar un baile” (estos estadounidenses son raros, raros… Y este en particular me recordó a mis lozanos 16. Ja) Pidióme permiso y me comunicó su inquietud relacionada con Moon y su sensación de que me poseía mínimamente aquella tarde. ¡Nada más lejos de la realidad! Yo solo me debo a mis sordos, quizás, de deberme a alguien. ¡Pero héte aquí que Moon se enfadó! (o… ¿cómo es que lo llaman? Se puso “celoso”) y la regañina que le eché [¡dije cojones en perfecto español, incluso!] fue el punto y seguido de lo que nunca pudo ni podrá ser, claro. Así petrifico yo las cosas, si no que se lo pregunten a mi médula espinal o a mi prolífica carrera matemática.

Aún así la noche siguió imparable, como cada noche desde que recuerdo. Unas más imparables que otras, otras paralizadas para, quizás, toda una vida ¡qué sabe nadie! El tiempo se agotaba porque en este mundo en el que vivimos de cuerpos, de sillas eléctricas, de transportes accesibles… es limitado y mi culo escarado ya ni se molestaba en recordarme que de ello dependía mi vida.

No hay taxis adaptados disponibles en DC a las 2:30 de la mañana, os hago saber. Y es por cosas como ésta por lo que a veces me da un poco de rabia o pena ser discapacitada. Porque tanta miel en los labios, y después recuerdo que no tengo paladar para casi nada…

Menos mal que Blake apareció salvador de la nada y se encargó de todo lo necesario para sobrevivir en este mundo que habitamos. Nos acompañó a casa.

Y a las 5 de la mañana llegamos. Sara de morros. Anna cansada. Yo a gusto porque ya ni sentía ni padecía mi “dolor” en el culo (por llamarlo de alguna manera, yo con el dolor puse tierra por medio y ni más arrepntida ni encantada…)

Ese día entero fue impresionantemente energético. Quise pasarlo con la Madre de Gianni, pero no pudimos sacarlo adelante… ¡Está bien todo siempre! Si eso es lo que  era de pasar. Aunque surgió Pluma Azul de improviso, inesperadamente, y eso no puede más que significar que todo en realidad tiene que ver con todo.
Y nada tiene que ver con nada.

Por la noche, a las doce y media, me puse muy enfermita. Mala, mala. Me recordó a algún momento de hospital que no os voy a explicar porque… ¡menuda gana! Pero entendí que la vida, o yo, lucho hasta extinguirme y no al revés. Y eso por alguna razón que no acabo de entender parce que es lo que tiene que ser.
Me tomé un analgésico, que yo mucho de boquilla, pero a la hora de la verdad soy tan pragmática como el que más.

Y días de vino y rosas, o de horas y horas postrada en la cama. Como inició esta breve historia que hoy os relato.

Buena noche, como decía Edén cuando pensaba que quizás nos volveríamos a ver en cualquier momento/sometime he just said this night. When he understood that all and every night it is just what it is.

Solamente puedo decir… I´m feeling glad, je.

Tetraplejia no es un color


Cuando me desperté… hacía mucha sed y el gotero exhumaba gotas refrescantes por sus paredes de vidrio y acero. Olía. No a nada en particular que pudiese ahora mismo describir, simplemente olía todo; la almohada, la medicina, la enfermera que venía a ponerme asquerosos ungüentos ¡los ungüentos! Que de repente se abriera para mí el maravilloso mundo de los olores, olfato mediante recuperado por la avalancha de corticoides que me metían diariamente en el cuerpo, era un milagro que yo, atea de boquilla y pacotilla, no aprecié más que con obviedad cansina, aunque eternamente agradecida y no sin poco estremecimiento. ¿¡Y el respirar!? ¡qué absurda necesidad creada que nos meten estos del marketing de la evolución, o la supervivencia o quien sea que se encargue de eso! ¡un atraso, señorxs! ¡un atraso y un motivo más para agrandar la brecha de la desigualdad social! ¡Y eso se lo digo yo, que de eso sé yo un rato!
Y luego, con lo a gusto que estaba yo con todo allí, organizado, respirándome aquella máquina por mí, y yo solo encargada de viajar por los lugares más lejanos del universo… ¡bueno! También algún momento de asqueroso límite cerebral que no describo aquí por la escatología que sería grafiarlo completo. Pero en general [me] la pasaba bien, sobretodo de noche, aunque también tenía un poco como de algo que bien podría denominarlo ahora con esa palabra comodín que llamamos “miedo”. Pero entonces no era eso. Y no por falta de palabras, que siguieron estando allí aunque no me hicieran falta para nada, así que no las usaba en ningún momento. No necesitaba nada, come on, what are you talking about!? ¡Lo tenía todo ya! En el peor de los casos, si me atragantaba con una mucosidad ingente que emergía de mi garganta, solo tenía que escupirla hacia fuera mientras resbalaba viscosa por toda mi cara, y mis párpados se cerraban de nuevo hasta que llegara alguna de aquellas almas que diligente me retiraba todo aquello ¡Tarán! ¡era mágico! ¡como un sueño! (¡espera! ¿fue solo un sueño…?) Una vez casi me muero ¡bueno! una que yo recuerde, que hubo más por lo visto –en las pantallas, o monitores ¡o pulsómetros! o donde sea que ven esas cosas los del gremio-. Sabía, pues acepté armoniosamente y casi con displicencia mi nueva condición de solo ser pensante, que ellos no iban a entender mi comunicación, que vendríamos a llamarla ahora como telepática, supongo (dije que no usaba entonces las palabras, asíque ahora al intentar interpretarlas a este, mi castellano, me quedan un poco descompensados y cojos los conceptos), gritaba y el hospital entero volaba por los aires, Valencia ¡España! Se levantaba todo el agua de los océanos y el sol de apagaba y la nada se expandía más allá del cielo y el infierno. ¡Y nada! Allí no venía ni dios, ni las enfermeras.

Y yo me iba a morir ya, casi seguro… 

¡Bueno! no era todavía el momento.